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15 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Manuel PeñaVíctor Manuel Peña

La guerra del Coronavirus

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

El mundo está siendo azotado y vapuleado, desde Diciembre de 2019, por un enemigo invisible superpoderoso que no ha surgido por generación espontánea.

Y no hay duda de que este virus superpoderoso fue creado en laboratorio por una de las principales potencias del mundo actual.

En su propagación por el mundo, este virus no hace excepción ni de naciones ni de seres humanos, aunque fue concebido para atacar principal y fundamentalmente a la masa de adultos mayores.

Pero el hecho cierto es que ante la inexistencia de una vacuna para prevenirlo y de un medicamento para curarlo, el Coronavirus ha resultado imparable y está atacando con la misma ferocidad y voracidad a todas las naciones del mundo, sin importar su estatus o jerarquía en el orden internacional y sin importar si son ricos o son pobres.

Como este mundo está estructurado de manera muy desigual, son las naciones poderosas, en sentido general, y los humanos ricos los que están en mejores condiciones materiales para afrontar las consecuencias terribles del Coronavirus sobre la vida, sobre la economía y sobre la política.

Esta guerra no convencional desatada por el Coronavirus reproduce en su esencia la tremenda desigualdad en que se desenvuelve el mundo moderno en que nos ha tocado vivir.

Así, el Coronavirus ataca ferozmente pero no puede ser atacado por nadie, lo que significa que en esa lucha muy desigual todos estamos permanentemente a la defensiva.

Estar a la defensiva siempre significa que tenemos que estar en confinamiento permanente y en distanciamiento físico.

¿Y pueden estar en confinamiento o enclaustramiento permanente los pobres y los muy pobres, en fin, los trabajadores informales o los sectores más vulnerables?

Eso sencillamente no es materialmente posible si los gobiernos no les aseguran a los pobres y muy pobres el pan de cada día.

Ellos si bien no deben dejarse matarse por el Coronavirus, tampoco deben quedarse, ni se van a quedar, indiferentes ante la amenaza del hambre.

En sus estrategias los Estados y los gobiernos deben proteger económica y socialmente a la población para evitar la muerte por Coronavirus pero también la muerte por efecto del hambre.

Los Estados y los gobiernos deben cumplir con esas estrategias para evitar estallidos sociales y saqueos de negocios, de supermercados y de mercados públicos.

Esta guerra del Coronavirus sí ha puesto de manifiesto las tremendas falencias de los sistemas de salud y de los Estados y de los gobiernos en el mundo.

Al juzgar por el elevadísimo número de infectados en el mundo y por los que han sucumbido en los combates frente a este mortífero virus hay que concluir que hemos perdido o que la humanidad ha perdido la primera batalla frente al Coronavirus.

China Popular, país donde se inauguró la guerra del Coronavirus, ya tiene controlada la situación después de sufrir grandes estragos en términos de pérdidas de vidas humanas y de grandes daños a su economía.

Los grandes golpes de esta guerra del Coronavirus se concentran ahora en Irán, en Italia, en España y en Estados Unidos. Solo Corea del Sur y Alemania han logrado reducir la velocidad de propagación del Coronavirus.

En América Latina son muchos los países que están siendo golpeados muy severamente.

La gran crisis generada por el Coronavirus ha demostrado hasta la saciedad que no hay una verdadera gobernanza global. Ni siquiera la Unión europea ha sido capaz de ponerse de acuerdo para emitir títulos de deuda pública, coronabonos, con el objetivo de que los gobiernos logren agenciarse liquidez para financiar los programas de combate al Coronavirus en el área de la salud pero también en la aplicación de programas de protección en el área económica y social.

Si hubiera habido una verdadera gobernanza global hace tiempo que el grupo del G-20 se hubiera reunido para tomar una serie de medidas para desembolsar recursos para ayudar, sobre todo, a los países pobres del mundo en la línea de aumentar su capacidad financiera para combatir el Coronavirus.

Pero volvamos al origen.  ¿Qué potencia creó este virus? ¿Estados Unidos o China Popular?

Este virus, creado en laboratorio, es la expresión de una guerra bacteriológica entre potencias.  Pero lo lamentable del caso es que esta guerra bacteriológica del Coronavirus no se limita a las potencias que lo crearon.

La guerra bacteriológica del siglo XXI es la gran guerra del Coronavirus.

Según los neomalthusianos este virus y esta guerra han sido desatados ex profeso para eliminar el segmento de los adultos mayores o de los ancianos, como una manera de quitarles presión, sobre todo en los países desarrollados, a los sistemas de previsión o de seguridad social.

Aunque ataque preferentemente a los adultos mayores, en realidad no discrimina ni en función de la edad ni en función del estatus social.

La guerra desatada por el Coronavirus constituye per se un crimen de lesa humanidad.

¿A quién vamos a responsabilizar de este crimen de lesa humanidad?

Las potencias que lo crearon cargan con toda la responsabilidad y la gran culpa de haber condenado a muerte a la humanidad, sobre todo, a los pobres y a los muy pobres del mundo por los daños directos fulminantes a la salud y a la vida y por los daños indirectos terribles a las economías y a las sociedades en general.

Todo indica que las potencias están haciendo un uso malthusiano de la ciencia: Enfrentar el crecimiento de la población mundial, que ya está en 7 mil 700 millones de seres humanos, usando virus para provocar muertes humanas inmensas y astronómicas en todo el planeta.

Ahora que el Coronavirus está destrozando al mundo, los chinos están haciendo su Agosto en materia comercial: son prácticamente los únicos vendedores de mascarillas, de guantes, de tests y de respiradores o ventiladores automáticos en el mundo!

También a la desgracia ajena se le saca beneficio! Es la magia de la economía de mercado en un país de orientación “socialista”!

Y en nuestro país la magia no la produce la economía de mercado per se, sino la política y la politización de esta crisis del Coronavirus: Los grandes beneficiarios de los contratos billonarios que se han suscrito para comprar guantes, mascarillas, tests y respiradores favorecen a personeros vinculados al gobierno actual que harán su Agosto en Abril.

Politizar la crisis sanitaria y humanitaria generada o provocada por el Coronavirus evidencia la gran insensibilidad, indolencia e irresponsabilidad de determinados sectores de la sociedad dominicana incluyendo el gobierno.

Frente al manejo politiquero de esta crisis y de la guerra del Coronavirus aumenta casi exponencialmente la indignación del pueblo!

*EL AUTOR ES ECONOMISTA Y ABOGADO.

 

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