RESUMEN
Desde el mismo 20 de septiembre del 2020 un mes después de la toma de posesión de Luis Abinader en su primer mandato como presidente de la República, comenzaron los indicios que todavía persisten aunque ahora mucho más cerca de concretizaciones.
Toda la prensa nacional ese 20 de septiembre recogió las declaraciones hechas por el presidente Abinader cuando indico, que “la República Dominicana era incondicional con la ONU”, que luego se comenzó a verificar fuertemente con la formación de las famosas mesas de dialogo alrededor del CES y la implementación de una cantidad de reformas incluidas en la ley 1-12 de Estrategia Nacional de Desarrollo, promulgada por Leonel Fernández en enero del 2012.
Esa ley que hemos venido denominando como la ley traidora, incluye los 17 objetivos de desarrollo sostenibles impuestos por la ONU en su agenda 2030 a los países signatarios.
Como arrodillados y fieles creyentes que estar bien con Tío Sam implica carta abierta para institucionalizar la entrega la nación dominicana concretizar los planes solapados anti soberanía, está quedando cada vez más clara, la cofradía existente en lo que también hemos denominado: la partido mafia en la nación dominicana.
Dentro de esa afamada y traidora ley, se incluyen no solo las ODS y una serie de políticas transversales que aseguran la implementación de esas mismas ODS sino también pactos donde el dueño de la fiesta, el Soberano Mandante ha sido indignamente representado. Hablamos del pacto eléctrico, el pacto fiscal, y otros pactos que hacen a los dominicanos menos dueño de su país.
A pesar de que la primera gestión del presidente Abinader inicio en medio de la pandemia con alto corte de eugenesia, ya desde los primeros meses se hablaba de estos dos pactos fundamentalmente. Indicándose que no era posible implementarlos en ese momento ni en el año siguiente por la crisis económica que se produjo fruto de la planificada pandemia.
Pero todo el camino de la primera gestión, comenzaron a producirse ajustes a la tarifa eléctrica, indicando que incluso se había dejado fuera del dominio del CES su implementación y seguimiento.
Con el tema del pacto fiscal, todo el camino ha sido un tema tratado, discutido, jamás consensuado, y totalmente repudiado por la población.
Los caramelitos envenenados para intentar empujar esta reforma fiscal, tampoco fueron aplaudidos por la población, sobre todo, por la gran cantidad de impuestos, por la amenaza vital sobre la calidad de vida de la familia dominicana y el hundimiento de la clase media.
Sin embargo, los archí enemigos de la paz de la nación y sicarios económicos predilectos, no dejaron de tener presencia en sus recomendaciones acomodadas, en función del interés del poder, y han sabido acomodarse al discurso del ejecutivo cada vez.
Sin embargo apoyados en voces agoreras técnicas pagas, comisionistas que no les interesa la paz pública, el FMI, el Banco Mundial, la CEPAL y otras entidades que han incidido en el desempeño económico del país o en sus diagnósticos pagos e interesados, nunca han faltado las mismas recomendaciones.
Habilitar más recursos para ser usado por los felinos balsinos de la cosa pública, eliminando subsidios, exenciones, exoneraciones, incentivos fiscales, ampliando la base del itbis, creando leyes que declaran Lavadores a los que evaden impuestos, mientras creamos un gobierno rico y un país cada día mas pobre.
Este ha sido el escenario que ha adornado el quehacer cotidiano en nuestro país en los últimos tres quinquenios. Una clase política mafiosa, una partidocracia inservible, cómplice y coautora de los más grandes actos de corrupción en el país y en la enajenación de activos estratégicos importantes.
Ahora frente al escenario de la guerra de Trump, el gobierno del cambio, que no había tenido un embajador norteamericano durante los primeros cinco años hasta un nombramiento reciente. Y habiendo mostrado un desempeño donde la criminalidad ha sido muy destacada y el narco tráfico ha ganado terreno de marca país, se muestra como aliado de unos intereses y una agenda pro Trump que dista mucho de ser el interés nacional.
Parece ser que el río que ha sonado bastante trae mucha agua que beber, y la gestión del cambio desde sus más altas instancias, luce estar comprometido con graves actos delincuenciales, narco tráfico y corrupción del más alto nivel, y dado ese escenario subliminal, no queda mucho terreno para defender el interés nacional, y por ende, la tendencia es continuar arrodillados a los caprichos del nuevo Francis Drake Caribeño.
Esta guerra de Trump, no es la guerra del pueblo norteamericano, así como tampoco lo es la invasión a Venezuela, y la invasión a la República Dominicana, pues parece más un chantaje a nuestro gobierno el tener que aceptar compromisos totalmente mente anti históricos y anti soberanía.
Ahora, como todo debe ser capitalizado políticamente, el gobierno del cambio juega a dos caras. Por un lado, apoya a su amo el presidente Trump en cualquier capricho que este se le ocurra, y aprovecha una crisis que aun no llega al país, para agrandarla creando expectativas nocivas y que fomentan lo que por naturaleza practican los comerciantes locales, el agiotismo, incrementando los precios o acaparando para incrementar los precios, cuando ya veníamos con malas prácticas con la REDUFLACION y otras practicas engañosas.
Ahora agrandamos la crisis y aprovechamos para intentar avanzar con el tema de los pactos eléctricos y la reforma fiscal. Y en adición tomamos medidas impopulares, precisamente una semana antes de la semana santa. Parece que el aprendizaje no llega y siguen los mismos paradigmas del Jacho Prendio del 1984.
Este oportunismo del cambio, no traerá buena cosa a la paz pública. Estamos empujando cada vez más a un pueblo hastiado, a una rebelión que podría ser generalizada e imparable. La prudencia invita, a no echar más leña al fuego y a gastar menos en pendejadas y viajes, eventos y foros innecesarios.
Por Julián Padilla
