RESUMEN
En estas fechas de abril, es común escuchar discursos que evocan la Guerra de Abril de 1965 como una revolución, llegando de hecho denominarla una “revolución democrática burguesa” o “revolución interrumpida”. Romper con esa errónea creencia es también romper con un anhelo nostálgico y reconocer con rigor histórico lo que realmente sucedió. La Guerra de Abril de 1965 no fue una revolución, sino un conflicto armado interno internacionalizado, condicionado por la intervención extranjera y los intereses geopolíticos que pesaron más que cualquier intento de transformación estructural.
Las revoluciones implican una modificación profunda de la estructura económica, política y social de una nación, con una orientación ideológica clara y un proyecto definido de transformación. La Guerra de Abril, aunque estuvo impulsada por el fervor de la justicia, la reivindicación democrática y la restauración del gobierno de Juan Bosch, no logró consolidarse como revolución. Fue un enfrentamiento entre fuerzas constitucionalistas, lideradas por Francisco Alberto Caamaño Deñó y el coronel Rafael Fernández Domínguez contra las Fuerzas armadas regulares que defendían un statu quo funcional en la región.
La guerra del 65 encaja en principio dentro de la categoría de Conflicto Armado No Internacional (CANI), ya que inicialmente se trató de un enfrentamiento entre fuerzas dentro de un mismo país, sin una guerra declarada entre estados. Sin embargo, este conflicto dejó de ser meramente interno con la llegada de la Fuerza Interamericana de Paz que transformaron el conflicto en un Conflicto Armado Interno Internacionalizado, alterando el curso de la lucha y dejando sin posibilidades de victoria a los constitucionalistas.
Caamaño, símbolo de la lucha del bando del constitucionalista, resistió con valentía, pero finalmente fue derrotado porque se anuló cualquier posibilidad de las aspiraciones de su movimiento. Su derrota en 1965 no fue solo militar; fue también una derrota política por no poder desarrollar sus objetivos y sus aspiraciones contrarias al modelo geoestratégicos que llegaba de otros estados de ideología de capitalismo de estado, que querían competir con el modelo de política exterior que nos llegaba desde el norte de nuestra isla. Años después, en 1973, Caamaño intentó nuevamente desafiar el orden establecido con una expedición guerrillera en las montañas de República Dominicana, pero aquel intento que no `paso de ser un disturbio interior.
La Guerra de Abril, en su esencia, fue un conflicto armado interno internacionalizado, pero nunca una revolución. No hubo un cambio de régimen ni una modificación sustancial en las estructuras de ninguna de las expresiones del poder nacional . El país continuó bajo el esquema de gobernabilidad que continúas rigiendo y la revolución se quedó en el deseo y discurso.
Por: Juan Manuel Morel Pérez.
