RESUMEN
El nuevo alcalde de Nueva York se enfrentaría a un escenario urbano tenso ante cualquier proyecto de transformación que quiera implementar.
La situación obedece a que en esa urbe, la vivienda, movilidad, desigualdad y gobernanza funcionan como un entramado que exige intervenciones simultáneas, coherentes y sostenidas. En este contexto, el desafío de Zohran Mamdani no es simplemente ejecutar un conjunto de iniciativas progresistas, sino intentar reorganizar un modelo urbano afectado por la sobrepoblación, desigualdad de ingresos, los ruidos y grandes cúmulos de desechos.
El primer factor crítico es la vivienda, pues la ciudad registra un déficit habitacional que ha contribuido a incrementar sus costos, ya sea para la compra o renta, sin que se vea a corto plazo la posibilidad de una rezonificación de algunas áreas.
Para paliar la situación, Mamdani han planteado, el congelamiento de las rentas, una medida que impactaría la renovación inmobiliaria, la disposición de desarrolladores a invertir y posibles planes estatales para financiar programas complementarios. Para que una política de este tipo resulte viable, debe estar acompañada por una agresiva estrategia de densificación equilibrada, reformas al código de construcción, expansión del suelo disponible y un esquema de subsidios sostenibles.
Cabe destacar que, sin esa combinación, se corre el riesgo de proteger al inquilino a corto plazo sacrificando así las construcciones futuras de vivienda.
Otro punto que incide en el escenario urbano de Nueva York es el sistema de transporte para cuya mejoría, el nuevo alcalde ha planteado la puesta en marcha de un programa de autobuses gratis.
No obstante, esa propuesta si bien socialmente es beneficiosa, parecería inviable, pues la alcaldía no tiene el control directo de la Metropolitan Transportation Authority, un organismo cuyo financiamiento, gestión y decisiones operativas responden al estado de Nueva York. Esto limitaría de forma severa la capacidad de aplicar cambios estructurales sin un acuerdo político profundo.
La gratuidad del servicio solo sería sostenible si se acompaña de nuevas fuentes de ingresos indexadas al crecimiento económico o a la captación de renta urbana. De lo contrario, se convertiría en un costo permanente a competir con prioridades esenciales como mantenimiento, expansión y resiliencia climática.
En materia de desigualdad, las soluciones propuestas giran en torno a un salario mínimo más elevado, supermercados y servicios públicos ampliados que, si bien son innovadoras, desde un enfoque de justicia urbana implican un salto fiscal de gran magnitud. Implementar estas políticas sin una reforma fiscal más profunda podría tensionar la estructura presupuestaria al punto de comprometer inversiones claves en infraestructuras, viviendas y resiliencia climática.
Finalmente, la gobernanza metropolitana sería la mayor limitación. El alcalde de Nueva York gestiona una ciudad que opera dentro de un triángulo de poder: Washington, Albany y los intereses privados.
En ese sentido, su capacidad de accionar dependería de coaliciones amplias, acuerdos con quienes piensan distinto e integración de agendas en un ecosistema donde ninguna institución tiene control total. La transformación urbana requiere una visión robusta, pero también disciplina negociadora y claridad estratégica para no dispersar capital político.
En conclusión, el nuevo alcalde llega con un proyecto de gestión que desafía la lógica tradicional de la ciudad, el cual requiere de reformas profundas que solo serán ejecutadas si se articulan con precisión, pragmatismo y una comprensión técnica del territorio que gobierna.
Mamdani tiene la visión, pero la ciudad tendrá la última palabra.
Por Jesús Mayobanex Suazo Paradis
Arquitecto-Máster Desarrollo Urbano y Territorial Sostenible
