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20 de enero 2026
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OpiniónLuis Columna SolanoLuis Columna Solano

La geopolítica obliga a Trump a cruzar las líneas rojas del derecho internacional

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RESUMEN

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Tras los acontecimientos acaecidos en Venezuela el día 03 de enero de este nuevo año, donde una unidad especial del ejército de Estados Unidos irrumpió sorprendentemente en Venezuela y se llevó preso no solo al presidente Nicolás Maduro, sino también a su esposa dejando atrás una estela de muertos civiles y militares, entre estos, 32 miembros del ejército y la inteligencia cubana que servían de escolta al líder bolivariano.

En la actualidad, Maduro está preso preventivo en una prisión federal en el estado de New York acusado de varios delitos graves, entre ellos: terrorismo, narcotráfico y uso de armas automáticas y su próxima audiencia está prevista para el 17 de marzo 2026.

¡Pero! El meollo de la situación ahora es; cuál será el futuro inmediato, mediano y la largo plazo de la República Bolivariana de Venezuela en el orden político e institucional, desde que el presidente estadounidense Donald Trump anunció que estaría a cargo del país, y no la parte mayoritaria de la oposición liderada por la premio Nobel de la Paz 2025 María Corina Machado la cual está de lobby por Washington, y el ex diplomático y ex candidato presidencial Edmundo González Urrutia tras las cuestionadas elecciones presidenciales del 2024.

Cuando una parte del mundo se despertó con la noticia del arresto del presidente Maduro y su traslado inmediato fuera del país, en muchos países sobre todo en aquellos donde existe exilio venezolano, empezó la celebración. Sin embargo, dicha alegría duró poco, como la felicidad en la casa del pobre… hasta las 11:30 horas del mismo día cuando Trump anunció en rueda de prensa, sus intenciones inmediatas con el país, dejando muchas interrogantes en el mundo político y empresarial, sobre todo, en el liderazgo político mundial.

“Estados Unidos se quedará al mando del país y María Corina Machado quedó fuera de toda ecuación en la mesa de diálogo y posible transición de poder, por no ser considerada la persona ideal para el momento, que goce del respeto y el liderazgo necesario para ello”. Palabras textuales del presidente Trump. Tiempo después se acordó trabajar con el reducto del gobierno de Maduro, representado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la cual ya fue juramentada como presidenta encargada del gobierno con el consentimiento de Washington.

Es oportuna la situación para que la disidencia venezolana así como los semánticos líderes de países tercermundistas y porque no, hasta de la misma Unión Europea comprendan, que lo que está pasando, no es una lucha por las derechos y las libertades públicas en el hermano país sudamericano, que es importante, sino más bien, del resurgimiento y reposicionamiento del imperialismo norteamericano en el mundo y en especial, en la región hemisférica continental. Venezuela solo ha sido una prueba de otras que vendrán.

Deben ser consciente que USA, tras su desventaja en la guerra comercial con la China de Xi Jinping y por la vía militar, la amenaza rusa y la ambición expansionista de su presidente Vladimir Putin, no le queda otro camino que incurrir en el uso de la fuerza para mantener el imperio y el respeto mermado durante las administraciones demócratas de Obama y Biden, no importa si tienen que saltar varias líneas rojas de del Derecho Internacional, la Carta de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y cualquier otro Organismo Internacional que sea preciso y menester para reafirmar su poder hegemónico, incluso el uso de su mejor activo: La fuerza militar.

Es la explicación a la vuelta y el interés de la política exterior estadounidense en Latinoamérica tras el desplazamiento chino como socio comercial principal de casi la totalidad de los paises latinoamericanos y el Caribe. Por eso quieren de regreso el control del Canal de Panamá y ahora Groenlandia en el océano índico, situación que tiene a la unión Europea y la OTAN enfrentados con su aliado principal, pues Dinamarca es quien regenta esa isla y Trump desea anexarla a Estados Unidos por cuestión de seguridad nacional y la hará. Que nadie tenga dudas.

De lo que aquí se trata, es que las potencias nucleares se han situado en ángulos que amenazan la hegemonía estadounidense y reclaman un nuevo orden internacional con la caída del dólar y un nuevo mapa geopolítico condicionado a las fuentes de reservas energéticas mundiales de petróleo y tierras raras. En estas circunstancias especiales en el orden geopolítico y estratégico es donde entró Venezuela. Esta es la explicación real, pues en asuntos de alta política, las cosas que no se ven, son las que condicionan a las que si, y dos y dos no son cuatro, sino el resultado deseado

China y Rusia con sus socios emergentes en el grupo económico conocido como BRICS, aspiran a un sillón de primera fila en la toma de las principales decisiones mundiales, hasta ahora en manos exclusiva de Estados Unidos de América y Trump juega bien sus cartas porque sabe hacerlo. He dicho.


Por Luis Columna Solano

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