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19 de febrero 2026
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OpiniónGregory Castellanos RuanoGregory Castellanos Ruano

La ficción del Estado Social y Democrático de Derecho dominicano

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RESUMEN

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En la teoría constitucional moderna se estima que del Estado legal se evolucionó al Estado constitucional y después, y dentro de este, a una expresión nueva y máxima: al del Estado Social y Democrático de Derecho.

En dicha teoría constitucional se considera que los sistemas republicanos son efectivamente consolidados cuando el Estado de Derecho llega a expresarse como o a ser un Estado de Derecho Social y Democrático de Derecho.

Esa es la evolución, de hito en hito, que la teoría constitucional contempla o aprecia.

La Constitución de la República Dominicana proclamada el veintiséis (26) de Enero del año dos mil diez (2010) fue la primera en proclamar al Estado dominicano como un Estado Social y Democrático de Derecho.  Sin embargo, entre nosotros, es decir, en la República Dominicana todo se reduce a meras apariencias, a fuegos artificiales.

Todo se reduce al ego de los que llegan a las posiciones, y a las más altas posiciones, de pavonearse desde ellas como los titulares de las mismas. El asunto no pasa de ahí.

Pues hay intereses creados y hay servidores de esos intereses creados.

Para su simulación y su disimulación los servidores de esos intereses creados, tratan de «mantener las formas«, esto es, las apariencias.

Los servidores de esos intereses creados no sólo protegen a dichos intereses creados, sino que dichos servidores protectores de dichos intereses creados se protegen entre sí.

Aquí hay gentes que literalmente crearon un Poder Judicial y han instalado oficinas para cosechar de esa creación: crearon «altares« para servirse de esos «altares«.

El supuesto «destierro de la política de las instituciones judiciales« literalmente es más un juego de palabras que otra cosa.

El ejercicio del tráfico de influencias es tan intenso y tan «normal« para ellos que muchos de ellos llegan a un punto en que no guardan la más mínima de las apariencias ni les importa ni les interesa guardarlas.

Pero los «altares« no sólo hacen «llover sobre sus creadores«, sino que esos «altares«, por un lamentable espíritu de cuerpo, se protegen entre sí para poder seguir siendo «altares«, es decir, los «altares«, aparte de servirles a sus «sacerdotes creadores«, también se sirven entre sí para protegerse.

De esa manera los «altares« y los que se sirven de los «altares« se erigen en dominadores de la sociedad y la dominan siempre teniendo por primer objetivo que esa dominación (de usufructo) se mantenga.

Se llenan sus bocas empleando indebidamente Valores, Principios y normas tan sólo para encubrir, camuflar, disfrazar sus desmanes o violencias, entre ellas la fundamental: la que representa su presencia indebida en tales instituciones.

Tienen ojos para ver y no ven lo que les interesa a sus mandantes y a ellos mismos que no se vea.

Tienen oídos para oír y no oyen lo que les interesa a sus mandantes y a ellos mismos que no se oiga.

La Constitución y las leyes, o, mejor, la aplicación de la Constitución y de las leyes se disuelve a través de esa labor de mera simulación.

En definitiva: dichos «altares« son simuladores al servicio de otros simuladores.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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