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18 de diciembre 2025
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OpiniónDomingo Núñez PolancoDomingo Núñez Polanco

La familia dominicana: refugio de valores en tiempos de cambio

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En la República Dominicana, la familia ha sido, históricamente, mucho más que un lazo de sangre: es el núcleo solidario que sostiene a la sociedad en los momentos más difíciles. A pesar del paso del tiempo, de las crisis y de los cambios sociales, las familias dominicanas siguen siendo ejemplo de unión, de entrega incondicional y de esperanza colectiva.

Cuando uno de sus miembros atraviesa dificultades, ya sea por enfermedad, desempleo o cualquier revés de la vida, siempre hay una mano extendida, un plato compartido, una palabra de aliento. Esa solidaridad no es casual: es fruto de una cultura profunda, heredada de generación en generación, donde el amor, la ayuda mutua y la dignidad familiar son pilares fundamentales.

En tiempos donde la individualidad parece imponerse, la familia dominicana resiste como el bastión emocional y social más sólido. Es en el seno familiar donde se forjan la autoestima, los valores, la capacidad de lucha y la identidad personal. Incluso con los desafíos actuales –desde el alto costo de la vida hasta las nuevas dinámicas sociales y tecnológicas– la familia sigue siendo el verdadero sistema de seguridad social del país.

A pesar de presiones económicas, de la migración forzada y de promesas políticas incumplidas, las familias dominicanas no han perdido la esperanza ni el deseo de una sociedad más justa, segura y con oportunidades reales. Han aprendido a no esperar que todo venga desde arriba. La conciencia colectiva ha cambiado. Hoy existe una ciudadanía más despierta, más crítica, pero también más constructiva.

No es casual que la República Dominicana mantenga una estabilidad social relativa en la región. Buena parte de ello se debe a la fortaleza de sus familias, al espíritu resiliente de su gente y a la cultura de apoyo mutuo que, incluso en la distancia, se mantiene viva.

Los dominicanos en el exterior son prueba de ello. Desde Estados Unidos, España, Italia y muchos otros destinos, trabajan con esfuerzo admirable para enviar recursos a sus seres queridos. Las remesas, que ya superan los 10 mil millones de dólares anuales, son mucho más que cifras económicas: son gestos de amor, compromiso y responsabilidad familiar. Su impacto en la economía nacional es incuestionable, pero aún más relevante es el papel emocional que juegan en el sostén de miles de hogares.

La familia dominicana no solo sobrevive: se adapta, se transforma y sigue enseñando el valor de la unidad, el respeto y el sacrificio. Hoy más que nunca, necesitamos volver la mirada a ese núcleo esencial que, sin hacer ruido, construye país todos los días.

Porque, al final del día, las cosas más importantes de la vida siguen siendo la familia, los amigos, la salud, el buen humor y la actitud positiva. Si tenemos eso, lo tenemos todo.

¡Viva la República Dominicana!

¡Viva su gente buena, generosa y luchadora!


Por Domingo Núñez Polanco

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