RESUMEN
Este domingo 27 de octubre ha de celebrarse las elecciones de escogencias importantes a lo interno del PLD. Ha sorprendido días anteriores la inscripción del actual “líder” del partido, lo que hace que nos preguntemos una que otra cosa. La inscripción de Danilo Medina es un error garrafal. Es una aspiración que transmite un mensaje equivoco para las nuevas generaciones. La sola intención de aspirar a la presidencia del partido evidencia que la intención de regeneración es más un proceso de marketing que de realidad. Danilo Medina no debió ser ni siquiera una posibilidad conceptual para la ocupación del cargo de la presidencia del partido. La pregunta sería: ¿Queda algún papel a desempeñar por parte del expresidente de la Republica Dominicana? Por supuesto que sí. Es precisamente por existir una utilidad dentro de la reestructuración lo que debió hacer que no aspire a su presidencia.
Danilo Medina es un capital político importante. Ha militado en el partido por muchos años, además de ser una figura con cierto arraigo a lo interno del partido. Danilo Median es posiblemente uno de los mejores estrategas político a nivel latinoamericano. Su veteranía, experiencia, conocimiento y madurez política es lo que hace de éste un activo importante dentro de la organización. Los momentos de crisis necesitan de figuras específicas que puedan aportar desde las gradas de la experiencia. Las crisis no suelen ser superadas con novatos emocionales que se arriesgan por si solos y caen en la trampa de la emotividad. Los novatos no conocen la dimensión de lo que ocurre con el partido en términos dialecticos. Es posible que la figura del novato no entienda su papel en un riesgo de desaparición. La experiencia de estado, opositora y de la concurrencia en el ejercicio público jugaran un papel importante dentro de esta nueva configuración.
Sin embargo, el papel que debió asumir el que hoy aspira a la presidencia del partido, debió concentrarse única y exclusivamente a los alrededores. Su proceso debió consistir en presenciar desde las gradas. El propósito de Danilo Medina debió enfocarse en asesorar y encaminar a un liderazgo distinto. El proceso de reestructuración no necesita de su presencia ocupando un cargo, sino de la experiencia del hombre de estado y del estratega. El PLD depende de que exista esa disposición de encaminar, más no de protagonismos. Al parecer, todos los lideres carecen de no saber cuál es el papel que les corresponde según los contextos van cambiando. El desconocimiento de ese papel es lo que puede ocasionar que, lo que comenzó como un proceso de reestructuración, termine propiciando una guerra divisoria.
El nombre de Danilo Medina a la vista pública genera urticaria. Basta con apreciar su rostro en la pantalla de un móvil para que el descontento poblacional se exprese vía comentarios. La figura del expresidente es tragicómica, al punto de que el país lo caricaturiza constantemente. Un proceso que lo involucre no debe darse con su presencia a la vista de las cámaras, sino todo lo contrario. En esta parte el ególatra venció al estratega. Por otro lado, Danilo Medina no es el mejor canalizador entre la camada nueva y la vieja. No es quien reúne las características de unión entre ambos bloques. Por aspectos, incluso, generacionales, el proceso de socialización cambia drásticamente. Cuesta mucho entender las nuevas necesidades. Su propia conducta es la prueba de esto.
El expresidente resulta cómico cuando propone que su colaboración seria desde la presidencia del partido. Es difícil interpretar como ayudaría aquel que, ostentando el cargo de dicho partido, en un momento fue al mismo tiempo quien contribuyo a su división. Nuevamente, al parecer el ególatra venció al estratega. El marketing tiene sus reglas claras. Cuando un producto luce agotado lo mejor es ausentarlo y dejar de proponerlo como una oferta loable. No sería un error pensar que posiblemente el propósito del expresidente Medina no es reestructurar la imagen del PLD, sino la suya propia. Suena alarmista, pero la cultura partidaria se configura sobre la imagen de una única imagen. La política aún carece de entender que los partidos no se sostienen sobre una única imagen pétrea. Tarde o temprano, están condenados a morir.
Hace tiempo se configuro un mensaje que apelaba a la pena y lastima de los dominicanos. Fue noticia el padecimiento de cáncer por parte del expresidente. Noticia trágica, hecho penoso, pero mal manejado. La utilización de la piedad atando temas delicados no hace otra cosa que generar reacciones negativas. No es necesario creer mi escrito, solo se debe ver la realidad. Una nueva pregunta surge: ¿Cómo se puede padecer de cáncer y aspirar a la reestructuración de un partido? Los lideres deben configurar el mensaje de una figura fuerte y estable. Sin embargo, el mensaje que se transmite aquí es que el hambre de poder está por encima de cualquier condición, por más maligna que sea. De hecho, si el líder es capaz de ignorar tan delicada situación de salud, que no mas haría con tal del mantenimiento del poder.
Como si no fuera suficiente, su hermano, el cual estuvo cerca de lo que fue su gestión, está pasando por un proceso delicado en cuanto a la justicia. Es el protagonista de uno de los casos más sonoros de corrupción. Muchos pensaran, que no debería existir la asociación de una cosa con la otra. Dirán algunos que Omar Fernández es hijo de un expresidente que se usó de herramienta para desmeritarlo. Curiosamente, así es nuestra sociedad. No obstante, las dimensiones son diferentes. Es una pena que el expresidente Medina tuvo la oportunidad de reivindicarse con su partido entendiendo el papel que le tocaba jugar, pero el ególatra venció al estratega. Es una pena que después de tanto tiempo, la veteranía de los partidos políticos en términos de tiempo no termina de entender el peligro que existe en la configuración de movimientos que se soportan sobre la base de un individuo en particular. Continuemos viendo este espectáculo político y velando por la no extinción del PLD. Aunque no lo creamos o lo entendamos, es necesario para la democracia.
Por Jabes Ramírez
