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7 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

La evaluación como culminación del control de la calidad escolar

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RESUMEN

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Todo proceso educativo debe terminar con una evaluación que siga los pasos de las acciones formativas denominadas enseñanza-aprendizaje. Al final del proceso, la evaluación se torna una medición de los conocimientos, con respecto a la sistematización de los objetivos sistematizados en los contenidos programados en metas. Es un accionar sistémico, en donde se ordenan los contenidos a través de los objetivos. En esa continuidad, se hace lo mismo con los objetivos, convirtiéndoles en metas y en ese mismo orden, se elabora una sistematización de acciones y tareas, dentro de un calendario que contiene los tiempos en que se hará cada actividad académica.

Se trata de llevar a cabo la evaluación educativa, el que debe concebirse, como un proceso que describe la culminación del control de la calidad escolar. Y se concibe de esa forma, porque es el proceso final de las acciones áulicas, proceso que debe terminar, no solo midiendo el éxito del aprendizaje, sino también encargándose de evaluar el funcionamiento del sistema educativo y proporcionando información para la toma de decisiones y, por ende, de la mejora continua del sistema, cuestión que se evidencia (entre otras cosas), a través de la práctica docente.

El proceso evaluativo funciona como un mecanismo que sirve para verificar en forma confiable, en qué medida fueron alcanzados los propósitos que se han propuesto en el plan de estudio.
En el proceso evaluativo se analiza el desempeño de todos los actores involucrados, procediéndose a orientar los cambios pertinentes, aquellos que se consideran con posibilidades de ayudar a elevar la calidad del sistema desde los resultados. Como sabemos los profesores, la evaluación en su carácter de medición, se realiza al final de las unidades y se hace sobre el desarrollo de los temas incluidos en las asignaturas que forman parte de los ciclos académicos.

La finalidad de del proceso evaluativo, es valorar los logros alcanzados y certificar el nivel de aprendizaje que se concluye. Se trata de una medición de los resultados esperados por la planeación escolar, una acción evaluativa que conduce a determinar, en qué medida se cumplieron los objetivos de aprendizaje y en qué medida aprenden los estudiantes.

Como ya hemos dicho, la evaluación en su conjunto, hace un análisis integral del proceso educativo, convirtiéndose en una acción que no se limita solo a los estudiantes, sino que abarca el desempeño de los docentes, el funcionamiento de las instituciones y la efectividad de las políticas educativas.

Del proceso de evaluación nace la base de datos, la que sirve para planificar las acciones de mejora. Esta acumulación de información ofrece datos que satisfacen las necesidades técnicas, al identificar áreas de mejora, facilitando al liderazgo educativo, tomar decisiones informadas y formular planes de acción para la mejora continua de la educación.

Este proceso acumula evidencias clave, por lo que consideramos, debe ser tratado como un verdadero punto de partida para próximas jornadas educativas, como resultado de los procesos evaluativos, que no tienen significado de finalización del proceso, sino el punto de partida para el siguiente ciclo, facilitando a los directivos, definir nuevas metas y poder establecer estándares superiores en la nueva planeación escolar.

Para muchos docentes, entre los que me encuentro, la evaluación puede ser un factor de motivación para quienes enseñan y para quienes buscan aprender. En cuanto al estudiante, el proceso evaluativo debe servir de guía para acceder al conocimiento de sus avances y áreas de mejora, proporcionándole retroalimentación constructiva. Indudablemente, la evaluación debe servir para reforzar la eficacia y el compromiso del estudiante, pero, en cuanto al docente, ese hecho le debe servir para trabajar la necesaria introspección, acción que genera grandes beneficios al profesor comprometido.

Está comprobado que una evaluación bien implementada, puede fomentar el esfuerzo, puede reforzar la autonomía y puede subir el nivel de reflexión sobre el propio aprendizaje, ayudando al estudiante a visualizar su progreso. Consideramos, que para que la evaluación logre el cometido estratégico de motivar el aprendizaje, debe trabajarse en la evaluación inicial con metas claras, que ayuden a los alumnos a entender los objetivos de aprendizaje, el punto de partida y el camino a seguir. A continuación, creemos que debe trabajarse en la retroalimentación formativa y oportuna, centrada en aspectos positivos y en áreas de mejora, porque esto ayuda a los estudiantes a ajustar su estrategia y les demuestra que su esfuerzo es valorado.

Para solidificar las acciones anteriores, se debe trabajar en el fomento de la autoeficacia, permitiendo a los participantes que se autoevalúen, promoviendo la reflexión endógena sobre sus propias experiencias de aprendizaje.

De esa manera se logra fortalecer la confianza en sus capacidades autodidactas. Este proceso contiene criterios claros para guiar una evaluación centrada y enfatizada en el progreso individual (en lugar de comparaciones), en donde cada uno de los participantes se ve motivado a esforzarse para alcanzar sus propias metas. Este camino evaluativo mejora la calidad del aprendizaje, porque identifica y procura superar obstáculos, contribuyendo a un proceso de aprendizaje de mayor profundidad y efectividad de propósitos, pero, también, permite al profesor ir ajustando su enseñanza a cada una de las necesidades (verificadas), de los estudiantes.

Por todas estas razones, la evaluación es vista como la culminación del control de la calidad escolar.


Por Francisco Cruz Pascual

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