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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

La ética de nuestro tiempo

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RESUMEN

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La ética de nuestro tiempo necesita de unos valores y de una ética que puedan ser compartidos para el funcionamiento adecuado de la sociedad de hoy, la que se desarrolla sobre un sistema complejo en lo económico, en lo político y en lo social. Hay que trabajar en forma integral para que este trio de entramados se perfile como protectores del bienestar común y procurantes del desarrollo individual de la gente. La gente necesita tener confianza en los sistemas que sustentan su quehacer diario, que cada uno pueda percibir que existen posibilidades de éxito para cada uno.

El siglo XXI en esta tercera década necesita integrar esfuerzos para arribar al entendimiento y utilización de los principios éticos universales que han garantizado la coexistencia pacífica entre los más fuertes, para poder enfrentar los desafíos que se presentan en las múltiples aristas, desde el hambre hasta la necesidad de cuido del planeta.

Desde la última década del siglo pasado el conocimiento se globalizó, y aparentemente esa globalización fortalece la libertad de aprender a profundidad cualquier área del saber, si tenemos la actitud para ello. Pero, aunque el conocimiento ha dejado de ser un privilegio de un reducido y selecto número de ciudadanos para colocarse en las manos y el dominio de la gente común, existe una gran desmotivación por la escuela, haciendo que los jóvenes no vean en la academia su camino para arribar a sus ambiciones particulares e incluso, desde la familia se incentiva el desprecio hacia los profesores.

Parece una paradoja que en el momento que se desarrolla una real revolución cognitiva que va a la velocidad de la internet, desplazando conocimientos para sustituirlos por otros en forma constante y vertiginosa, entonces nos encontremos con este desaliento por la escuela. La gente común tiene prisa por conseguir la felicidad que se le presenta en espejismos teledirigidos, navegados por las ondas que frecuentan sus aparatos electrónicos combinados con las plataformas digitales llenas de luces y electrones. La gente esta confundida, alienada y manipulada por el un mercado que les mueve a través de sus slogan e imágenes alucinantes.

La ética de nuestro tiempo ha sido impactada por una secuencia infinita de aparentes casualidades. Esas casualidades se presentan ante la sociedad y ante las personas, como circunstancias que van mostrando inestabilidad e incertidumbre, haciendo que la gente dude de todo lo que le rodea y acentuando desconfianza en la población. Esta realidad siembra desesperanza y hace que muera la confianza en las instituciones, los gobiernos e incluso entre las personas y sus relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas.

La gente tiene prisa y está llena de confusiones. La sociedad esta impactada por el cúmulo abrumador de informaciones con apariencia de verdad, llena de evidencias casi siempre manipuladas por el interés particular.

Todos estos acontecimientos han llevado  al individuo humano a interpretar la realidad de acuerdo con sus intereses y necesidades particulares. Este relativismo particular lo ha convertido en un ser egoísta. Esta acumulación de conocimiento, por un lado abruma y por otro, hace que el hombre piense que es poseedor de la verdad absoluta, olvidándose del mundo espiritual que equilibra su existencia. Cada uno anda por su lado, preocupado por su propio bienestar haciendo lo que cree es mejor para su particularidad.

Esta acumulación de conocimiento lo hace sufrir al descubrir informaciones que antes no manejaba. Pero, muchas veces esas informaciones le llegan por los medios de comunicación, casi siempre alienados e interesados. Esta situación lo convierte en un consumidor adictivo de información, asumiendo lo consumido como cuestión cierta, y no se detiene a reflexionar en forma lógica. Se ha generado una relevancia total a la información y se ha colocado en marginación lo valorativo, ese acompañamiento como juez y guía para la toma de decisiones.

Para que se entienda mejor, el concepto valoración tiene su origen en la palabra “assesser” que se define como “acompañar como juez asistente o como guía”. La valoración proporciona al hombre los fundamentos para tomar decisiones con respecto a lo que acontece en su contexto.

La acción de “valorar” en la sociedad, permite una retroalimentación sobre los acontecimientos en forma cualitativa. Desde la escuela y en asociación estratégica con la familia, debe desarrollarse unas acciones para desarrollar programas de valoración sobre la información mediática, para equilibrar el desarrollo humano de los actores, para ello debe incluirse una variedad de estrategias de valoración que se adecuen a las características específicas de los participantes, teniendo en cuenta sus características.

Francisco Cruz Pascual

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