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5 de enero 2026
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OpiniónJimmy Rosario BernardJimmy Rosario Bernard

La eternidad en Bytes: Entre el consuelo y la preocupación

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En una era en la que la innovación tecnológica no parece conocer límites, recientes estudios revelan que cada persona que utiliza internet consume alrededor de 1.5 megabytes por segundo, ya sea navegando, enviando correos o sumergiéndose en hilos de conversación en línea. Detrás de esta cifra, se esconde una realidad que toca las fibras más profundas de nuestra humanidad.

Las redes sociales y las páginas web guardan, como un baúl de recuerdos, fragmentos de nuestras vidas, risas, tristezas, logros y fracasos”. Y estos recuerdos, al igual que las fotografías antiguas que encontramos en el desván, perduran incluso después de que hayamos dejado este mundo. En un futuro cercano, las redes podrían albergar espacios para los que ya no están entre nosotros, convirtiendo la memoria en un negocio lucrativo.

La inteligencia artificial, con su capacidad para clonar voces y rostros, entre otras tantas cosas, nos ofrece una promesa agridulce. Imagina un avatar, un reflejo digital, que te permita escuchar una vez más la risa de tu abuela, esposa, esposo, o ver la sonrisa traviesa de un hijo o hija que partió demasiado pronto. La posibilidad de tener conversaciones pendientes, de decir un último «te amo», “te quiero”, “te extraño” o simplemente sentir su presencia, es sin duda reconfortante. Pero, ¿dónde se encuentra la línea entre el consuelo y la incapacidad de soltar y seguir adelante?

Y es que en la actualidad, ya se están diseñando bots que emulan a quienes nos han dejado. Podríamos decidir cómo queremos ser recordados, qué historias compartir y qué legado dejar. Sería un regalo inestimable para las futuras generaciones poder conocer, sentir y entender a sus ancestros de una manera tan íntima. Sin embargo, esta eternidad digital también nos plantea un dilema: ¿Estamos preparados emocionalmente para enfrentar una presencia constante, aunque virtual, de nuestros seres queridos?

La tecnología tiene el poder de acercarnos, de ofrecernos un bálsamo para el dolor de la pérdida. Pero también corre el riesgo de atraparnos en un pasado perpetuo, impidiéndonos vivir el presente y abrazar el futuro. Es esencial que reflexionemos sobre cómo queremos navegar este nuevo horizonte, equilibrando nuestro deseo natural de aferrarnos a quienes amamos con la necesidad de encontrar paz y cerrar capítulos.

Definitivamente, la inmortalidad digital brinda un consuelo inigualable, pero conlleva complejidades emocionales y dilemas éticos. Es imperativo que, como sociedad, enfrentemos estos retos con profunda empatía, prudencia y un sincero sentido de humanidad.

Por Jimmy Rosario Bernard

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