RESUMEN
La escuela tal y como la conocemos hoy nace como una necesidad social bien avanzado el siglo XIX. Se trataba de una escuela de pago, dirigida a las clases sociales de mayor economía.
Para los demás niños existían las escuelas dominicales, las que durante mucho tiempo fueron las únicas formas en que las familias de los pobres podían recibir alguna noción educativa. La escuela dominical fue una inteligente innovación que emprendió el protestantismo en Gran Bretaña en la década de 1780. En este punto es importante decir, que la educación cristiana hacia los niños es tan antigua como el cristianismo mismo, pero, que los inicios de la escuela dominical formal y moderna se remonta al ciudadano ingles Robert Raikes, notable ciudadano de la Iglesia Anglicana que era propietario de un periódico en la ciudad de Gloucester, Inglaterra.
El señor Raikes dando riendas a las posibilidades observacionales de su trabajo como propietario de un tabloide, descubrió que los niños pequeños, utilizados por la revolución industrial como trabajadores, (debido a las condiciones de trabajo), se podrían convertir en delincuentes si no tenían opción de recibir educación elemental y básica para poder vivir acorde al desarrollo social de la época.
Además, por su filiación al cristianismo anglicano, pensaba sobre todo que esa educación debería ser cristiana y sobre una base que les permitiera superar la opresión dominante en el contexto de la revolución industrial. Fue de esa forma que apareció la primera escuela cristiana para niños en 1780. Para lograrlo, Raikes buscó la colaboración del ministro de la Iglesia Anglicana. Desde esa idea emprendedora, Raikes contactó con al ministro local de dicha denominación e iniciaron las acciones para cristalizar la idea.
En principio el conjunto de los profesores eran laicos voluntarios, que ofrecieron sus hogares para impartir las clases, como una colaboración de servicio social en colaboración con dicha iglesia. En muy poco tiempo esta idea fue generalizada como espacio de suma importancia para el protestantismo universal, convirtiéndose en el fundamento para enseñar los principios cristianos y la Biblia a las nuevas generaciones. Fue a partir de ese método, estas escuelas fueron ocupando durante siglos el rol de una escuela tradicional que sirvió a los desposeídos como vía para que sus hijos aprendieran a leer y escribir.
No olvidemos, que la revolución industrial provocó que los niños de los hogares pobres fueran empleados de las fábricas en duras condiciones de trabajo, por lo que estas escuelas fueron como caminos de libertad para muchos niños de esa triste época. Es importante recordar que hasta bien avanzadas las décadas del siglo XIX las jornadas laborales eran de “las horas que el dueño estimara” y que los niños debían trabajar 12 horas corridas con pocos factores higiénicos y motivacionales existiendo en los lúgubres contextos fabriles. Una nota especial acerca de esta situación abusiva, es que, este estado de cosas no fue revisado hasta 1844 y que el sábado estaba considerado día de trabajo normal en el horario establecido.
Esta era una situación muy triste para los todos los trabajadores en ese tiempo, en especial para los niños que solo tenían el domingo para ir a recibir alguna instrucción de lectoescritura y adoctrinamiento religioso anglicano. Pero, esa era una conquista importante, aunque a esta distancia del tiempo no lo parezca.
Es preciso recordar, que las necesidades sociales son la que los individuos necesitan y por lo tanto les dan valor como personas que desarrollan sus vidas en la sociedad. La educación es una macro necesidad solo superada por la salud, considerada con mucha razón como la primera necesidad de la persona humana. Al igual que las necesidades secundarias, las necesidades primarias superan la urgencia de proveer oportunidades para que los individuos alcancen cumplimiento de sus roles en la comunidad, en forma activa y de provecho individual, pero, esencialmente colectivo.
Las necesidades primarias son los derechos a la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, el esparcimiento y a un contexto social seguro en lo medioambiental y ciudadano. No son más que los factores existenciales a los que se refiere la sociología, como ciencia que estudia a los conglomerados sociales que ocupan los seres humanos, para observar sus fenómenos colectivos, sus interacciones y procesos de innovación, emprendedurismo, cambio y conservación , sin olvidar el contexto histórico y cultural en que se desenvuelven las acciones.
Cuando nos referimos a las necesidades sociales, nos referimos a cuestiones como la solidaridad, la compasión, la valoración de la amistad, el aprecio, el compañerismo, la aceptación del otro y el sentido de pertenencia a un grupo social denominado humanidad. Por todo lo antes dicho, debemos ver a la escuela como una necesidad humana de primer orden social y que esa necesidad debe ser asumida para relacionarnos con otras personas, con el objeto de sumar esfuerzos en aras de la calidad escolar en todos sus ámbitos.
Hoy más que en ningún tiempo histórico de la humanidad, la escuela necesita fortalecerse y para ello necesita, en primer lugar de la familia de los alumnos que ocupan sus aulas, en segundo lugar, de la comunidad circundante a la planta física escolar, en tercer lugar, de los docentes y directivos escolares aunados en proyectos cualitativos de mejora en los procesos que desarrolla la escuela.
Por Francisco Cruz Pascual
