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20 de enero 2026
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OpiniónBraulio A. RojasBraulio A. Rojas

La erosión de la confianza en el dólar es responsabilidad de Estados Unidos

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RESUMEN

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Durante décadas, el dólar estadounidense ha sido la columna vertebral del sistema financiero global. Los bancos centrales mantienen la mayor parte de sus reservas en dólares porque los mercados estadounidenses son profundos, líquidos y, lo más importante, respaldados por la credibilidad institucional. Sin embargo, hoy la participación del dólar en las reservas globales divulgadas ha caído por debajo de su nivel de 1996. No se trata solo de un cambio económico; es una señal geopolítica de alerta.

El dólar ya ha enfrentado crisis de confianza en el pasado. Cuando el presidente Nixon cerró la convertibilidad en oro en 1971, muchos creyeron que el dólar colapsaría. Durante la estanflación de los años setenta, la inflación golpeó con fuerza la confianza. Incluso cuando Wall Street implosionó en 2008, las dudas resurgieron. Cada vez, el dólar sobrevivió, principalmente porque ninguna otra moneda podía igualar la escala, seguridad y liquidez de los bonos del Tesoro estadounidense.

Lo que hace diferente al declive actual es que refleja no solo factores económicos, sino también políticos. El uso intensivo de tarifas en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, sumado a sanciones financieras sin precedentes, ha enviado un mensaje claro: el dólar ya no es un activo de reserva neutral, sino un arma política. Al mismo tiempo, los intentos de algunos líderes por presionar a la Reserva Federal socavan la confianza en la independencia monetaria de EE. UU., antes intocable. Para los administradores de reservas en el extranjero, estas son señales de alerta.

La congelación de las reservas del banco central ruso en 2022 dejó un mensaje contundente: tener dólares o euros implica riesgos políticos. Por eso no sorprende que muchos países, desde China hasta Brasil, estén acelerando la diversificación de sus reservas hacia euros, oro e incluso el renminbi chino (yuan). Esto no significa que el dólar vaya a perder su papel de inmediato, ya que el euro sigue limitado, el renminbi o yuan no es totalmente convertible y el oro no puede sostener el comercio internacional. Pero sí muestra que la confianza en la moneda estadounidense, una vez dañada, es difícil de recuperar.

La verdad incómoda es que gran parte de esta desconfianza es autoinfligida. Al tratar al dólar como palanca política y no como bien público global, Washington arriesga debilitar su mayor ventaja estratégica. Estados Unidos aún domina el sistema financiero, pero cada sacudida acelera la lenta deriva lejos de la hegemonía del dólar. Si las tendencias actuales continúan, los historiadores podrían concluir que EE. UU. desperdició su imperio monetario no porque otros construyeran algo más fuerte, sino porque minó su propio fundamento.

Nota al margen para la República Dominicana: ¿Ha ajustado el Banco Central de la República Dominicana su política de reservas internacionales frente a este escenario de desconfianza creciente hacia el dólar?

Por Braulio A. Rojas 

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