RESUMEN
I. El problema real: Cuando la solución se convirtió en negocio
En la República Dominicana, la energía eléctrica nunca ha sido tratada como lo que es:
un servicio esencial para la vida familiar y el desarrollo nacional.
Durante décadas, los distintos gobiernos han prometido resolver el déficit histórico de energía, pero ninguno lo ha hecho.
El resultado es conocido por todos:
Apagones frecuentes.
Tarifas altas.
Un sistema de transmisión y distribución deficiente.
Pérdidas técnicas y comerciales cercanas al 30 %, inaceptables en cualquier país serio.
Contratos de generación caros, rígidos y desfavorables al Estado.
Familias trabajadoras que pagan más y reciben menos.
Lo que debió ser una solución estructural se convirtió, con el tiempo, en un negocio protegido, donde:
el riesgo no lo asumen quienes invierten,
el costo lo paga el pueblo,
y la ineficiencia se transfiere al recibo eléctrico.
II. El impacto oculto: El apagón como daño psicosocial
El apagón no es solo un fallo técnico.
Es un golpe emocional diario a la familia dominicana.
Un hombre o una mujer que trabaja todo el día vuelve a su casa esperando descanso, comida caliente, tranquilidad…
y se encuentra con oscuridad, calor, frustración y enojo.
Esto genera:
estrés,
conflictos familiares,
sensación de abandono,
pérdida de dignidad.
Cuando el Estado falla en garantizar lo básico, rompe el contrato social.
III. Una verdad que hay que decir sin miedo
Si el Estado no ha sido capaz de garantizar energía continua, estable y asequible, no tiene autoridad moral para castigar al ciudadano que busca resolver el problema por su cuenta.
Y peor aún: no puede ponerle trabas, impuestos o reglas innecesarias a quien intenta cubrir una carencia que el propio Estado no resolvió.
IV. Una aclaración necesaria: No toda energía solar es igual ni tiene el mismo propósito
Esta propuesta no es un llamado a llenar el país de parques solares indiscriminados.
Los parques solares a gran escala ocupan terrenos que el país necesita para:
producción agrícola,
agroindustria,
soberanía alimentaria.
El desarrollo nacional no puede sustituir tierra fértil por paneles.
La solución correcta es RESIDENCIAL, no territorial.
El techo de una casa no compite con la agricultura,
no destruye paisajes,
no desplaza producción de alimentos.
V. El principio central de esta política pública
La energía solar residencial no es un negocio financiero.
Es una política de alivio social.
No busca enriquecimiento.
No busca excedentes.
No busca especulación.
Busca:
estabilidad familiar,
tranquilidad emocional,
reducción del gasto mensual,
respuesta ante los apagones.
VI. La propuesta: Programa Nacional de autosuficiente eléctrica residencial
1.Población objetivo
Residencias con facturas eléctricas mensuales de RD$5,000 a RD$6,000 o más.
Familias trabajadoras, no grandes consumidores industriales.
Viviendas principales, no casas de lujo.
2. Sistema tipo
Sistema solar residencial diseñado para cubrir el consumo básico del hogar.
Sin obligación de producir excedentes.
Si existe excedente, será mínimo y no el centro del programa.
3.Costo y financiamiento
Costo promedio instalado: RD$500,000 por vivienda.
Incluye:
paneles,
inversor,
estructura,
instalación certificada,
puesta en operación.
Pago mensual:
Entre RD$5,000 y RD$6,000,
por un período aproximado de 80 a 90 meses.
La familia no paga más de lo que ya paga hoy a la distribuidora.
4.El rol del proveedor solar
El proveedor vende e instala.
La instalación es obligatoria y parte del contrato.
El proveedor asume el financiamiento inicial.
No se permiten ventas sin instalación.
Esto crea un mercado serio y responsable, no revendedores improvisados.
5.El rol del Estado
El Estado no vende paneles y no compite con el mercado.
El Estado:
garantiza el programa,
respalda jurídicamente los contratos,
reduce el riesgo financiero,
protege al consumidor.
Si ocurre una quiebra grave del proveedor, el Estado responde como garante, protegiendo a la familia.
6.Seguro obligatorio
Todo sistema debe incluir:
seguro de desempeño,
garantía mínima de 20 años,
al menos 10 años sin fallas mayores.
Cubre:
equipos,
rendimiento,
fallas estructurales.
Esto protege:
a la familia,
al inversionista,
al Estado.
VII. ¿Y las generadoras tradicionales?
Este programa no está diseñado para proteger intereses históricos ineficientes.
La energía que el sistema deje de consumir en el sector residencial:
se destinará a industria,
a infraestructura pública,
a proyectos estratégicos (agua, transporte, trenes),
al desarrollo nacional real.
Quienes hicieron negocios caros sin resolver el problema no pueden exigir protección frente a una solución que alivia al pueblo.
VIII. Una idea simple frente a un sistema complicado
Existe una verdad antigua y vigente:
“Dios hizo al hombre sencillo,
pero los sistemas lo complicaron.”
El ciudadano solo quiere luz.
El sistema creó excusas.
Cuando el pobre se defiende, le quieren cobrar.
Esta política devuelve la energía eléctrica
a su lugar original: servir a la familia, no al negocio.
IX. Conclusión
Desde la Presidencia de la República Dominicana, este problema sí se puede resolver, sin más reglamentos inútiles, sin castigos disfrazados, sin convertir la necesidad en mercancía.
Con una sola decisión: poner al pueblo primero.
Por Ramón Leonardo
