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15 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Manuel PeñaVíctor Manuel Peña

La “eficiencia” de la manipulación

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RESUMEN

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En esta semana la prensa local se ha hecho eco de los cuatro jinetes del apocalipsis, a los que denomina impropiamente los funcionarios más eficientes de la presente administración de gobierno.

¿De qué eficiencia se nos habla? ¿Se está hablando de la eficiencia en el mejor sentido de la palabra?

La prensa nuestra ha perdido el sentido y la perspectiva de la criticidad y de la objetividad.

A menudo se confunden los enunciados con los fundamentos de una verdad o de un estudio.

¿Es susceptible de ser sometida a verificación o verificabilidad la hipótesis de eficiencia que asumen como tales algunos medios de comunicación al referirse a cuatro funcionarios como “los funcionarios más eficientes”?

Los medios de prensa no están en capacidad de verificar esa hipótesis de eficiencia que ellos han asumido.

Porque, además, los medios de comunicación no deben cargar con el pecado de ser selectivos en asumir como eficientes a algunos funcionarios y como ineficientes a otros funcionarios.

En realidad, señores medios de comunicación, lo que se ha impuesto en los medios de opinión pública es la bendición y exaltación de la “eficiencia de la manipulación”.

Y esa exaltación de la “eficiencia de la manipulación” les hace un daño terrible a los propios medios de comunicación, al gobierno y a toda la sociedad.

Los cuatro funcionarios señalados como los más eficientes se desempeñan como tales en el campo de la “eficiencia de la manipulación”.

Y resulta que en ese campo de la “eficiencia de la manipulación” nadie es verdaderamente eficiente.

Y el gran maestro de la “eficiencia de la manipulación” lo ha sido el señor Héctor Valdez Albizu, gobernador del Banco Central.

El señor Valdez Albizu en los últimos años se ha mantenido en el Banco Central como el manipulador por excelencia de las estadísticas sobre el PIB, el crecimiento económico y la inflación.

Y Valdez se ha ganado un falso prestigio como permanente y verdadero manipulador de las estadísticas macroeconómicas que elabora y prepara el Banco Central.

Por desgracia al día de hoy es el único Banco Central en América Latina que todavía sigue siendo juez y parte, es decir, sigue midiendo las cuentas nacionales.

Nos equivocamos como sociedad cuando hemos estado premiando la manipulación como eficiencia.

Ya es tiempo de que nos revisemos profundamente como sociedad por estar premiando la “eficiencia como manipulación”.

Estar al lado del gobernador del Banco Central no debe ser motivo de prestigio para ningún otro funcionario.

Pero los otros tres funcionarios, el ministro de Hacienda, el director general de Impuestos Internos y el director general de Aduanas no han hecho nada fuera de lo común para merecer el reconocimiento como los otros tres funcionarios más eficientes.

El ministro de Hacienda solo se ha destacado en sugerir cosas negativas: el manejo incorrecto del endeudamiento público, usar parte de los préstamos externos y de los bonos soberanos para inflar o agigantar artificialmente las reservas internacionales del Banco Central, no ha hecho nada para reducir el déficit fiscal, no ha sido capaz de recomendar una reforma eficaz de ejecución del gasto público implicando la eficientización del gasto tributario, etc.

Hay que reconocer que el actual director general de Impuestos Internos, a quien no conozco, está técnicamente bien formado, pero aún no se conocen los proyectos para reformar el sistema tributario dominicano.  Y como la presión tributaria o el coeficiente de tributación se han mantenido históricamente entre un 14% y un 16%, ahora que se dice que está en 16%, por lo que ha vuelto a colocarse en ese nivel después que los efectos del Coronavirus lo colocaron en un 11% o 10%.

El director general de Aduanas es un funcionario que no rebasa el marco de lo común.  Se dice de él que se dejó usar de algunos economistas para hacer posible el triunfo del candidato del gobierno a la presidencia del CODECO.

Él se identificó con aplicar arancel cero a los productos terminados traídos del exterior, la cual es una medida altamente perjudicial para el país en su conjunto desde el punto de vista del desarrollo de la producción agropecuaria.

Es lógico que la eficiencia de verdad tiene que lograrse por otros medios.

En el caso del Banco Central la eficiencia hay que lograrla a través de los fines de la política monetaria: estabilidad de precios, creación de empleos e influir en la distribución y redistribución de las riquezas sin manipular precios ni la creación de empleos.

El Ministerio de Administración Pública debe estar establecer de manera objetiva los criterios para medir la eficiencia de las instituciones y de los funcionarios del gobierno.

Y ello es así porque la “eficiencia de la manipulación” no permite medir ni la eficiencia de los funcionarios y mucho menos la eficiencia de las instituciones públicas.

 

AUTOR: DR. VÍCTOR MANUEL PEÑA

*El autor es economista, abogado y miembro de la Dirección Central de La Fuerza del Pueblo.

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