RESUMEN
¿Por qué rompecabezas? Hay varias razones, doy algunas: mire.
El Gobierno no solo debe atender el problema de la demanda de dólares de nación y del gasto público desbordado, dos cuestiones que de por sí exigen una gran pericia, sino que ya hay otra bomba que empieza a activarse y que podría resultar letal en caso de que la actividad ensaye cualquier tipo de recuperación: es la energética, la luz y el gas. En luz, hoy hay un déficit de 338 megavatios y Planta Catalina siempre está enferma. Triste caso.
Para los especialistas de la industria, la decisión del Banco Central R. D. de empujar a las grandes empresas a una reestructuración forzosa de sus deudas en dólares solo contribuirá a acelerar la debacle, que comenzó a gestarse a mediados de 2019 y que tiene en vilo tanto a las empresas del sector como a las finanzas públicas, que están viendo sus entradas limitadas.
Y es que las características de los yacimientos de oro dominicanos, por ejemplo, requieren de mucha energía para sacar esos sulfuros y obligan a la industria a mantener un continuo flujo de inversiones solo para sostener los niveles de producción, y ni hablar para incrementarlos con oro en alza. Con un mercado de capitales ínfimo, en las compañías estiman que apenas un 10 % de esas inversiones pueden fondearse localmente.
La inversión de las empresas energéticas depende sobre todo del fondeo internacional. «Cada año —me dicen economistas— refinanciamos deuda por unos US$150 millones e invertimos unos 180 millones en luz».
¿Cómo harán esas empresas ahora para conseguir dinero para mantener su actividad estable si a los acreedores les dicen que por dos años no podrán pagarles lo que les habían prometido?
El desafío es todavía mayor para las empresas que tienen emitidos bonos. No es lo mismo sentarse a negociar con un banco que con miles de acreedores minoristas, que podrían exigir que las empresas les paguen con el flujo que tienen en alguna cuenta en el exterior —todas las empresas manejan dinero afuera— o ejecutando alguna garantía.
En la industria del petróleo y gas, que requiere de constantes inversiones, a baja tasa y de largo plazo, no hay demasiados antecedentes de empresas que hayan defaulteado y después seguido en actividad.
Porque empresa que no produce, difícilmente genere ingresos para pagar sus deudas.
Llegó el momento de hacer un ajuste en la tasa de política monetaria
La tasa de interés pasiva, al bajar, incentiva la demanda de instrumentos financieros denominados en dólares y, por ello, presiona hacia arriba la tasa de cambio. Por su parte, la tasa de interés activa, al subir, reduce el crecimiento del PIB. Dos resultados contrarios a lo buscado por las autoridades monetarias.
Estar en los zapatos del mejor equilibrista económico de tres décadas no es nada fácil. Héctor Valdez piensa, y los agentes económicos esperan su señal. De seguro prefiere disminuir el crecimiento nominal del PIB y sube intereses, desincentiva dólares, inyecta al mercado, pero no mucho. Ese equilibrio es un algoritmo emocional que yo admiro en ese amigo; cuando vivíamos cerca del tanque de agua San Juan Bosco éramos niños.
El Banco Central enfrenta un dilema complicado. Por un lado, podría adoptar una política monetaria restrictiva, que eleve la tasa de interés y estabilice el tipo de cambio, pero pagaría el precio de un crecimiento económico bajo y una reducción del empleo. Por otro lado, podría optar por una postura expansiva, que disminuya la tasa de interés, acelere el crecimiento del PIB, a costa de aceptar la subida del dólar.
¿Qué usted haría? Deje comentarios.
Por Johnny Sánchez
