RESUMEN
La división del PLD desalentó al ciudadano dominicano, tanto en el territorio nacional como en los territorios allende los mares, en donde viven dominicanos preocupados por el destino de su patria. Esa es la principal razón del abstencionismo galopante que vive nuestra sociedad impulsada por muchos de nuestros ciudadanos. Se trata de un fenómeno digno de estudios sociológicos para verificar la fuerza que tuvo el PLD en la voluntad popular y en el sentimiento nacional que construyó durante decenas de años (1973-2019), pero, que no pudo sostener en el tiempo más allá del 2020. Fueron muy lamentables esos acontecimientos, pero, ya no hay remedio para ese mal histórico que frenó el desarrollo del Estado social y democrático que estaba construyendo el pueblo dominicano bajo el liderazgo del partido morado.
La división mató “la gallina de los huevos de oro” y frenó el impulso democrático, para dar paso a un espacio histórico lleno de incertidumbres.
Los adversarios de Leonel Fernández y Danilo Medina son los mismo, a excepción de unos cuantos dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y del Partido Fuerza del Pueblo (PFP). En forma inteligente y hábil, ha sido fabricada una percepción diferente desde las lides del poder, a través de los medios de comunicación tradicionales y de los que han aparecido con el avance de las tecnologías de la comunicación.
Lo cierto es, que los acontecimientos de noviembre del 2019 como productos de comportamientos internos que venían sucediéndose desde 2008, produjeron las consecuencias que acabaron dividiendo al Partido de la Liberación Dominicana.
Ese acontecimiento disgustó a muchos dominicanos, los que tenían grandes esperanzas en que ese partido junto a sus líderes, iba a seguir gobernando por muchos años a la nación. Es por ello que se afiliaron al mismo más de tres millones de personas con derecho al voto. No olvidemos, que en las elecciones de 2004 cerca del 70% de los dominicanos fue a votar para que el PLD volviera al poder, y por 16 años fueron a sufragar en forma asiduamente disciplinada, y le dieron ganancia en primera vuelta por cuatro períodos consecutivos.
Al dividirse de la forma en que se dividió, sumados los antecedentes de maltratos a militantes que simpatizaban con Leonel Fernández y todos los agravios que se sucedieron en contra del presidente del partido desde el mismo día de la toma de posesión en 2012, hasta los acontecimientos del 2019, culminaron en la tragedia de mayo del 2020. Y por esos errores estratégicos protagonizados desde la presidencia de la nación, cerca de dos millones de ciudadanos dominicanos se sumaron a la legión de abstencionistas.
Los ciudadanos han decidido castigar fuertemente al PLD y al liderazgo del PFP en menor grado, sin importar las consecuencias de esa actitud para su propia vida, la vida partidaria de la nación y para la democracia del país.
En lo particular, fue muy doloroso dejar las filas del partido al que le serví desde sus inicios. Fueron 46 años de trabajo militante que comienza a los 17 años y termina cuando ya había cumplido 63. Pero, no había de otra, la situación era demasiado triste frente a militantes de gran valía, marginados por múltiples razones grupales, solo justificadas desde el ámbito de la embriaguez que produce el disfrute del poder a gente sin mucho sentido común.
Aquella irracional actitud devino en la situación que vive hoy la nación, en donde el partido morado luce arrinconado.
El PLD surgió de una separación, pero, aquella vez tenía razones ideológicas profundas, esas razones fueron acicates para una entrega total a la militancia y al mundo de cuadros políticos de exclusividades únicas.
Aquellos fueron unos años maravillosos en el que servíamos al partido para llegar al poder y desde ahí, servir al pueblo.
Una parte del pueblo dominicano esta frustrado con respecto al sistema de partidos, porque creía que la disciplina y unificación que surgieron de la conducción de un prócer llamado Juan Bosch, en un partido que denominó “nuevo en América” terminó entregando por voluntad propia el poder a un remanente del viejo partido del que don Juan se marchó en 1973.
El pueblo dominicano es sumamente sabio y sabe cómo decirles a los políticos: ¡ya basta!
Amargamente, a la distancia de los años nos damos cuenta de que don Juan se quedó corto al describir a la pequeña burguesía y su actitud autodestructiva.
Nada pudo detener el veneno de las discordias que trajeron la división producida como consecuencia del descalabro de una estrategia para gobernar el país hasta 2044. Estrategia frustrada abruptamente, y no ha habido muestras sinceras de autocrítica (de ninguna de las partes), frente a una sociedad que apostó al PLD y sus líderes en todos los niveles.
El pueblo llano se encuentra en total desaliento frente a la política y frente a los líderes políticos.
La respuesta debe ser analizada y trabajada en el seno del pueblo para que la gente vuelva a tener confianza, para así reconectar con la familia y sus múltiples necesidades.
El discurso debe salir desde las preocupaciones de la gente, esa fue una lección que Bosch impartió en muchas secciones formativas de su propia vida.
El error de quienes gobiernan es creer que, al echar a un lado a sus militantes, traer amigos, socios y conocidos, para solo depender del poder político de ejecutivo, el que por demás se cree invencible, irrefutable y todo poderoso. Muchos dirigentes políticos creen que porque cuentan con los aparatos represivos y muchos millones de pesos como pertrechos para retener el poder a través de la batalla electoral, pueden continuar en el poder por el tiempo que les queda de vida para entonces encontrarse con la realidad de no salir airosos sino ser derrotados y luego perseguidos con el propósito destructivo que nace y renace en nuestro quehacer en forma inexplicable.
Esa actitud la tomó Trujillo frente a sus aliados, la tomó Guzmán con Peña Gómez, Jorge Blanco frente a Majluta y Medina Sánchez con Fernández Reyna.
Al final ninguno salió por la puerta de la historia que le correspondía.
Por: Francisco Cruz Pascual
