EL NUEVO DIARIO, WASHINGTON. – La diferente forma en que Japón y los Estados Unidos entienden la colaboración para la defensa de Occidente crea serias tensiones entre los gobiernos de Tokio y Washington.
La aparente cordialidad que reinó durante el encuentro del primer ministro Zenko Suzuki con el presidente norteamericano Ronald Reagan, hace dos semanas, no fue más que calma que precede a una gran tempestad.
Estados Unidos pretenden que sus aliados occidentales, y en particular Japón, inviertan más dinero en sus presupuestos de defensa, y alivien así la carga que pesa sobre las finanzas de Washington.
Para la administración Reagan, el ideal sería que los países europeos se ocuparan de defender su zona, y que Japón vigilara las aguas del Pacífico y en general toda la región que rodea la isla.
De esta manera, el Pentágono podría dedicar todo su capital y energía a proteger el continente Americano, y zonas conflictivas como el Medio Oriente y el Golfo Pérsico, donde sus intereses están más directamente amenazados.
Para aproximarse a una solución de este tipo, Ronald Reagan y su secretario de Estado, Alexander Haig, presionaron a la delegación oficial japonesa que llegó a Washington acompañando al primer ministro Yenko Suzuki en orden a un incremento de los gastos nipones de defensa.
Japón apenas dedica un uno por ciento a su presupuesto de defensa, a pesar de que éste se ha multiplicado por siete en los últimos cinco años, a instancias de las diferentes administraciones norteamericanas.
Los Estados Unidos consideran que tan pequeño presupuesto es una tomadura de pelo al resto de los aliados, tarea común de defender la alianza.
En su visita a Washington, el primer ministro nipón Zenko Suzuki no se comprometió a nada en concreto, pero dijo que su país esforzará por aumentar en el futuro próximo su capacidad defensiva»
La controversia que levantó en Japón tal declaración, por vaga que fuera, provocó la dimisión el fin de semana pasado del ministro de Asuntos Exteriores japonés, Masayoshi Ito.
Su sustituto en el cargo, Sunao So-noda, criticó, inmediatamente después de tomar posesión de la cartera, la circulación de armas atómicas norteamericanas por territorio japonés, según lo autorizado en un acuerdo tácito entre Tokio y Washington que data de hace 21 años, pero que nunca ha sido recogido por escrito.
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