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8 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

La deserción escolar como lastre social

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RESUMEN

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Cuando hablamos de lastre social queremos referirnos a múltiples problemáticas sociales que afectan el transcurrir de la vida cotidiana de la gente. Por falta de conocimientos, muchas veces el mismo individuo provoca obstáculos a su propia existencia. Es una problemática que aparece por malos hábitos, producidos desde las costumbres, las que le van provocando situaciones que rivalizan con su bienestar personal, impidiéndole progresar y desarrollarse en la sociedad en la que habita.

Muchas veces por costumbre, la persona toma decisiones que producen cosas negativas, las que le impiden como sujeto desarrollar la necesaria cohesionan con la sociedad. Esta situación va afectándole en sus relaciones horizontales con los demás y, por ende, afectando su avance social en sentido general. Sabemos, que un lastre social es todo aquello que produce una carga que obstaculiza el avance colectivo de la comunidad.

En el caso del abandono escolar se trata de un lastre que afecta a todo el país, por sus repercusiones socioeconómicas, que impactan directamente en el mundo politicosocial.

Es necesario puntualizar, que para un joven tomar la decisión de abandonar la escuela influyen muchos factores endógenos y exógenos a él como persona. Como sujeto social, el sujeto toma la decisión empujada por circunstancias que deben ser estudiadas por el Estado, para elaborar políticas de corrección o reducción del fenómeno. Y debe ser de esta manera, porque estamos conscientes de que la deserción escolar afecta la educación estratégicamente, y la afecta en su estrategia, porque limita el acceso a oportunidades de desarrollo personal y profesional del joven que incurre en tomar esa decisión.

Cuando eso sucede se están siguiendo patrones familiares de costumbres que llegan a perpetuar ciclos de pobreza y a limitar el progreso particular del individuo, condenando a su propia familia y contribuyendo al atraso socioeconómico de la nación.  Para poder dar respuestas efectivas a este fenómeno, como flagelo social, se requiere voluntad política activa, que lleve a los actores a concebir un enfoque multidimensional, que incluya mejoras en la infraestructura, que determine apoyo socioeconómico, acompañado de unas estrategias pedagógicas adaptativas, las que deberán contribuir a la creación de necesidades que conduzcan a políticas inclusivas.

El impacto estratégico de la deserción escolar inicia con limitar las oportunidades del joven que abandona la escuela, porque para un individuo, desertar de la escuela implica reducir al mínimo las posibilidades de acceso a empleos de calidad y a la movilidad social, afectando negativamente el desarrollo individual y las posibilidades de progreso. Todos sabemos que la falta de capital humano capacitado impacta negativamente en el crecimiento económico de un país, disminuyendo la productividad y la competitividad.

El crecimiento económico del país depende en gran medida, de una población preparada para trabajar en puestos laborales que requieren capacidades técnicas o de oficios calificados, por no decir de ingenierías.

La desigualdad social es en parte una consecuencia del abandono escolar, porque la deserción escolar perpetua los ciclos de pobreza, prolongando de la desigualdad, porque los jóvenes que abandonan la escuela a menudo enfrentan mayores dificultades económicas y sociales, como producto de sus incapacidades técnicas o de manejo empírico de un oficio vocacional. La deserción escolar limita el desarrollo de habilidades y conocimientos necesarios para la participación ciudadana activa y el ejercicio de una vida plena, siendo esta capacidad necesaria como desarrollo humano mínimo para poder enfrentar los desafíos sociales de empleo y cohesión laboral calificada o certificada por medio de mecanismos oficiales.

Para abordar el fenómeno de la deserción escolar es necesario enfocarse en lo multidimensional, a sabiendas de que es crucial abordar las causas de la deserción escolar desde diferentes perspectivas: económicas, familiares, personales y educativas. Desde esa óptica, la inversión en educación tiene que repensarse, para garantizar la pertinencia en el presupuesto, como garantía de alcanzar la calidad, mejorar la infraestructura escolar y asegurar la equidad en el acceso a los recursos educativos fundamentales.

La fiebre no está en la sabana, como la conducta no se mejora con la creación de nuevas asignaturas sin estrategias para afrontar culturas familiares y hábitos inadecuados la interacción social.

Para enfrentar el lastre de la deserción escolar tiene que aparecer apoyo socioeconómico para poder implementar programas de ayuda a familias vulnerables, garantizándoles que sus hijos como estudiantes, podrán acceder a la escuela y permanecer en ella con un mínimo transitorio de incentivos económicos y de otros indoles.

Como y hemos planteados anteriormente, la estrategia de eliminación o reducción máxima del abandono escolar no será posible sin la implementación de estrategias pedagógicas adaptativas, que logren el desarrollo de métodos de enseñanza que se adapten a las necesidades individuales de los estudiantes y promuevan su motivación y participación en el aprendizaje. Frente a este fenómeno no podemos actuar de espaldas al fortalecimiento y a la creación de políticas inclusivas funcionales. De ahí, que se hace necesario la creación de un entorno escolar inclusivo y seguro, que fomente el sentido de la pertenencia y el bienestar emocional de los estudiantes.

Para ello, deben ser involucrados todos los actores relevantes, es decir, al gobierno, a las instituciones educativas, a las familias y sus comunidades, para lograr con éxito la implementación de estrategias, cuya finalidad sería, la reducción a corto plazo de la deserción escolar.

No se puede olvidar que el problema de la educación, en sentido general, es complejo. Y lo es, porque maneja múltiples fenómenos, siendo la deserción escolar una de sus problemáticas. Para irla resolviendo se requieren múltiples estrategias, las que deberán ser integrales, con el requisito de ser coordinadas, para poder alcanzar objetivamente el propósito de abordar sus causas y consecuencias. Esta es solo una forma que podría ir garantizando el derecho a la educación de calidad. De esa forma podría la nación continuar promoviendo el desarrollo equitativo y sostenible de la sociedad.

Esta es una deuda social que debe ser pagada en amortizaciones alejadas del ámbito populista, porque hay que tomar decisiones que no les serán graciosas a muchos de nuestros ciudadanos y mucho menos a algunos sectores que no les conviene el progreso común.

Por Francisco Cruz Pascual

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