RESUMEN
“Antes del quebrantamiento viene la soberbia, Y antes de la caída, la altivez de espíritu” -Proverbios 16:18
Todo lo que da sentido y gusto en la vida, es sublime y por consiguiente bello y agradable porque hace sentir una especie de alegría y regocijo en el alma que enciende nuestro ánimo y motiva el día.
Oyendo una canción de Rosana me inspiré a escribir estas líneas pues lo que ella interpretaba era una pieza llamada “Descubriéndote” y lo hacia con tal delicadeza que no tuve otra opción que proponerme escribir este artículo en honor, si se quiere, a aquella canción o más bien, a la sensación que me producían sus letras.
En su texto, Rosana describe el impacto de un amor, que bien puede ser una manifestación espiritual, maternal o romántica, dependiendo de quien la quiera interpretar, que eleva al bienestar al beneficiario.
Aunque en el contexto en que se da, que es el comercial, se orienta mucho más a lo romántico, lo cual es muy válido también.
Pero la canción además de ser una exaltación a lo sublime, describe mucho de lo que la delicadeza es capaz de producir, quizás precisamente por ello la pieza es tan amorosa, porque el amor es delicado, limpio, suave, tranquilo, así como un rayo de luz que entra anunciando el amanecer.
No se si yo esté equivocado, pero la delicadeza es aquello que nunca cae en lo rutinario, por ende nadie queda ajeno a su belleza y menos a experimentar bienestar cuando se revela, aún sea de manera cotidiana, pues de lo contrario, los amaneceres o los atardeceres, perdieran su virtud eterna y no fueran tan conmovedores, y si queremos exagerar un poco, esos mismo amaneceres para muchos pueden llegar a ser hasta quebrantadores, dependiendo del momento de quien lo perciba.
Y ciertamente si hay algo que tiene el amor, y en ello esta canción de la española en cuestión lo transmite muy bien, es la capacidad para encender a quien lo recibe, llevándolo a un balance perfecto, valga la redundancia, y digo redundancia, porque todo lo que está balanceado es armónico y por consiguiente pudiera considerársele perfecto.
En ese orden, recuerdo que hace años Juan Luis Guerra, en una conversación con el escritor José Mármol, cuando este último tenía su programa “Conversación en la Catedral” hacía referencia de lo sanadora que pudiera ser la música.
Decía que las canciones pueden ser sanadoras para el alma y citaba momentos en que muchas personas le testimoniaban lo que sus canciones les hicieron sanar mientras atravesaban por situaciones quebrantadoras.
Y ciertamente cuando la música aborda la delicadeza del amor desde la exaltación de lo sublime, no cabe dudas que el espíritu puede entrar en un trance capaz de sacarnos del aquí y el ahora, en el que todas las preocupaciones que pudieran tenerse por un pasado lleno de pendientes o de un futuro cargado de incertidumbre, quedan fuera para dar paso a un sublime bienestar absoluto y breve.
Otra de las cosas buenas de la canción es que sirve también para simplemente hacer una pausa, tomarse un café y pensar con calma y al paso, sobre algo que sea simplemente bello.
Es por ello que siempre será bueno disponer en la casa de un espacio delicado, limpio y ordenado, donde pueda uno sentarse y disfrutar de una buena canción para apaciguar el espíritu.
Y aunque tiene mucho de subjetividad lo que escribiré, debo decir que una de las virtudes es que no es una canción triste, ni orientada a la nostalgia, sino que es una propuesta a vivir un momento parsimonioso, calmado, mientras se disfruta lentamente, la compañía de ese alguien o nos deleitamos con un recuerdo, pero en un ambiente delicado y dispuesto para la ocasión, para que la sensación sea perfecta.
Por Alfredo García
