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6 de abril 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

La decisión que tomes siempre será la correcta

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RESUMEN

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Eres la suma de todas tus decisiones

“Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes. Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo”
– Proverbios 3:5-6.

Todas las decisiones que tomes en la vida son correctas. Lo son porque las mismas son necesarias para cumplir tu propósito aquí en la tierra.
Si te sientes bien contigo misma en la vida debes tener confianza en las decisiones que tomarás y que tomaste, ya que fueron las que te llevaron a donde estas hoy, por cuanto el grueso de las decisiones que tomarás en el futuro irán a acorde a mantener el bienestar de vida que llevas.

Si por el contrario, te sientes desdichada, triste y vacía, es momento de ser pragmáticos y valorar tus decisiones a partir del aprendizaje que te proporcionan y en función de ello resolver los cambios que necesitas hacer para alcanzar tu bienestar.

En ambos escenarios, las decisiones debes verlas como asertivas siempre dado que por su carga de enseñanzas van potenciando tu madurez.

Siempre a la hora de tomar una decisión, pide a Dios sabiduría, revelación y amor, para que sustentado en estos tres pilares puedas tomar una decisión en armonía con la voluntad de tu Creador.
Muchas veces nos juzgamos y nos imponemos lastres pesados por decisiones que pensamos fueron incorrectas, innecesarias o desafortunadas, creyendo que pudimos tomar otras en aras de no haber evitado las consecuencias que nos atormentan, sin reparar en el hecho de que era inevitable que tuviéramos las experiencias vividas de cara a la construcción de nuestro perfil psicológico.

El error es mirar las experiencias con lamento, sin extraer de ellas el conocimiento que proporcionan a los fines de nuestro crecimiento espiritual, emocional y mental. Recuerda que los errores son poderosas herramientas que te fortalecen y desarrollan tu resiliencia.

Hay que ser conscientes e indulgentes con nosotros mismos al juzgarnos, reflexionando que las decisiones que tomamos fueron y son el resultado del desarrollo mental, espiritual y fisiológico del que disponemos en el momento que tomamos las decisiones. Por cuanto de nada sirve flagelarnos con culpas y lamentos por cosas que ya no podemos cambiar, sino verlas como fuentes de autoconocimiento y aprendizaje.

Y es que tus decisiones te llevan a construir conocimientos necesarios para el por venir y si eres de los que aprende con la experiencia, agradecerás las llamadas malas decisiones bajo el entendido de que fueron necesarias para convertirte en el hombre o mujer que eres hoy.

Hemos de entender que en la vida hay resultados que nos satisfacen y otros que nos desafían, pero en definitiva todos construyen experiencias que te van llevando a un destino y al mismo tiempo te van puliendo como parte del propósito de ser mejores.

De nada vale lamentarse por la leche derramada, mucho menos pensar en lo que hubiera sido o pasado si se hubiera decidido diferente, pues al hacerlo pierdes de vista que las decisiones que tomamos siempre son las mejores de acuerdo a lo que pensamos, circunstancia, conocimientos y experiencias del momento.

Asimismo debemos entender que todo aquello que nos sucede es inevitable para nuestro crecimiento, dado que nuestras vidas están atadas a un propósito que tiene como fin hacer parte de un todo más grande que nosotros mismo.

En ese orden, no hay nada que podamos hacer que impida cumplir el propósito de vida dado por Dios, que pone “el querer como el hacer por su buena voluntad” (Filipenses 2:13) y también pone en el corazón las motivaciones que nos van llevando hacia el propósito que diseñó para nosotros.

De manera que las decisiones que tomamos están ancladas con esa visión que el tiene.
Recuerda lo que dice Romanos 28:8 de que “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito”.

Partiendo de este versículo, podemos colegir que también tus decisiones serán para tu bien, aún las que catalogas como malas, pues con paciencia te darás cuenta que las mismas fueron enseñanzas supremas.

En todo ello juega un papel fundamental la paciencia como catalizadora del conocimiento que se desprende de nuestras decisiones cuando están ancladas en la voluntad de Dios.
Con el tiempo y devenir de los acontecimientos, aunque parezcan malas las decisiones tomadas en un momento de tu vida, su carga de enseñanzas producto de sus inevitables consecuencias, nos van dejando una valiosa experiencia que nos esculpe el carácter, el criterio y el temple, encaminándonos hacia una sabiduría superior.

Es bueno saber que muchas de las enseñanzas no sólo son para nosotros mismos, sino que también con nuestras vidas se modelan otras, lo que quiere decir que por medio de nuestras experiencias aprenden otras personas.

Por ejemplo Job, nos enseñó a ser perseverantes y pacientes en Dios sabiendo que al final del día se impondrá “la buena voluntad de Dios que es agradable y perfecta” (Romanos 12:2-8).
Concluyo diciendo que es menester saber que todo lo que haces tiene consecuencias y las mismas te llevan a un conocimiento empírico necesario para cumplir el propósito de tu vida, por cuanto lo que piensas fueron malas decisiones y errores en el momento, con el tiempo se convierten en piedra angular de tu crecimiento y desarrollo humano, físico y espiritual. No olvides que eres la suma de tus decisiones.

Por Alfredo García

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