ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
12 de enero 2026
logo
OpiniónElias Samuel Rosario MataElias Samuel Rosario Mata

La decadencia del imperio y el arresto de Nicolás Maduro

COMPARTIR:

Los EE. UU. se presentan ante el mundo, como los paladines de la democracia, en su nombre han cometido innumerables atropellos, sin lograr mejorar la calidad de vida en el mundo. Y como todo lo que sube, baja, nace, crece y muere les ha llegado el tiempo de morir lentamente. Una ley natural, que no falla. Históricamente todos los imperios han recorrido el mismo camino.

¿Por qué mientras perseguían al presidente Maduro por narcotráfico, indultaron al presidente de Honduras condenado por el mismo hecho por un tribunal estadounidense? El arresto del presidente Maduro, es la primera parte de su promesa de campaña, Make América Great Again.

No puede existir crecimiento con una economía en decadencia. Por tanto, necesitaba el control del petróleo venezolano y del canal de Panamá. Aquí se esconde la desesperación de Donald Trump por mantener a EEUU, a flote, como la primera potencia del mundo.

¿Porqué no envió su ejército a enfrentar las bandas haitianas para impedir, que sigan aterrorizando a la gente y forzándolas a abandonar sus hogares, para cruzar la frontera y lleguen a nuestro país? ¿Porqué no inicia un programa de recuperación de adictos?

Aprovechó que en las últimas elecciones, Maduro obtuvo una victoria cuestionada por la oposición y no supo curarse en salud. Abriendo las puertas para ser calificado como “presidente ilegítimo”. Un epíteto que no pudo invalidar presentando las actas de las votaciones, que acreditaron el triunfo, dejando una estela de dudas.

Trump no hubiera ordenado su secuestro, sin apoyarse en la ilegitimidad. Por temor a la presión internacional, sumado a la caída en el nivel de aceptación del pueblo estadounidense. El éxito de la operación para el arresto, le provee un segundo aire, que le permitirá continuar con su política de agresión. Debemos de estar atentos a sus próximos movimientos.

La política del despojo de los recursos naturales de los demás países, convirtió a los EE. UU., en la primera potencia económica y militar del mundo. Debemos recordar las guerras de las bananeras, las invasiones armadas, el apoyo a los dictadores, entre otros hechos que permitieron al Tío San apropiarse de las riquezas y erguirse como la primera potencia del mundo.

Por otro lado, aumentaron la miseria de la población mundial. Un hecho decisivo para obligarnos a emigrar. Los venezolanos que se vieron obligados a abandonar su tierra, celebraron con júbilo el arresto de Nicolás Maduro. Pero, que no esperen ningún cambio significativo. Pues, el único objetivo de Donald Trump, es recuperar la economía de su país. Por ende, todo seguirá igual.

El conflicto con Venezuela ha demostrado, que estamos caminando hacia el fin de que los EE. UU. consideren a Latinoamérica como su “patio trasero”. Ha quedado evidenciado, que hay otras potencias emergentes interesadas, en explotar nuestros recursos naturales. Ofreciendo mejores condiciones e invertir en nuestras estructuras.

Un buen ejemplo es nuestro país, el cual posee la quinta mina de oro, más grande del mundo, sin embargo, la complicidad entre gobernantes y las empresas explotadoras, ha obligado a más de la cuarta parte de dominicanos a emigrar. Trump prometió, que ejecutaría un plan para deportar a los ciudadanos ilegales que violen las leyes. Sin embargo, después que tomó posesión, inició una cacería migratoria indiscriminada. A pesar de que la mayor parte de los latinos votaron por él.

Esperábamos una lucha feroz contra la corrupción para que muchos inmigrantes, pudieran regresar a sus países. Pues nadie desea abandonar a sus familiares y amigos. Pero, la corrupción administrativa nos obliga a buscar un futuro mejor. Todos los países de la región poseen recursos naturales suficientes para albergar a sus habitantes.

Cabe señalar, que nunca defenderemos a ningún dictador, pero esa es la realidad sobre el arresto del presidente Nicolás Maduro.


Por: Elías Samuel Rosario Mata.
El autor es abogado, reside en Panamá

Comenta