Casi siempre, la inclinación natural frente a cualquier dificultad es tener una visión optimista sobre una solución. La complejidad de la problemática haitiana hace complicado encontrar una mirada favorable a corto tiempo.
Incluso, ni siquiera para frenar la violencia de las bandas en el territorio haitiano y mucho menos sobre la crisis económica y de la miseria que convida a su población a la inmigración.
La llamada comunidad internacional ha mostrado muy poco interés por la situación que atraviesa este país caribeño, nuestro vecino inevitable, con una frontera territorial de 388 kilómetros, cuyo 70 % de esa división está definida por ríos fáciles de cruzar.
Si, además de eso, el gobierno de Estados Unidos termina deportando a un grupo superior a los 800 mil ciudadanos haitianos bajo programas de protección especial, eso, sin dudas, presionará aún más la migración hacia nuestro territorio.
Esa complejidad requiere de nuestra cohesión y coherencia para poder tratar de la mejor manera esta situación.
