RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. -Desde que Francisco Balbuena prestó su proyector de 16 milímetros, y otro tanto hizo la Galería de Arte Moderno, se exhiben películas en la Cinemateca apellidada Nacional. Sobre una pared pintada de blanco se proyecta el filme, que disfrutan los cinéfilos desde butacas plásticas propias para partidos de baloncesto.
La noche, una de las pocas aliadas de la Cinema-teca, ofrece la oportunidad de iniciar la función con una ventilación casera, abriendo las persianas. Así compensa la falta de aire acondicionado, aunque tampoco tienen ventiladores de esos que se anuncian en la televisión.
Desde su apertura, hace varios años, la Cinemateca ha quedado en ser una película a medio hacer, basa da en un guion de precariedades que no le ha permitido una adecuada proyección popular.
El director sin productor es Agliberto Meléndez, hombre que dispone de muchos rollos de entusiasmo para intentar sus propósitos. Sus puntos de vista y las limitaciones y aspiraciones de la Cinemateca están condensados en el siguiente cortometraje de entrevista: La calamidad de la Cinemateca comienza en su misma cabina. Un par de proyectores chicos para una sala que sobrepasa las 600 butacas.
En realidad, necesitamos dos proyectores de 35 milímetros para poder ampliar nuestro radio de ac-ción.
El 95 por ciento de las películas tienen ese formato. La institución estaría en capacidad de ofrecer ciclos con mayor regularidad y mejor programación, sin tener que limitarnos a películas de embajadas u otros canales no convencionales.
Se aprovecharía así una apreciable cantidad de filmes de calidad para ser exhibidos a precios módicos, acompañada esa proyección con disertaciones y material de apoyo impreso. Hasta ahora, existe la práctica de presentar reestrenos con películas viejas precios de estrenos.
¿Cómo se editaría esa aspiración?
Meléndez apremia la respuesta mientras se arrellana en el sillón modesto tras su escritorio de empleado público: En Nueva York obtuvimos hace poco algunas cotizaciones para comprar los proyectores de 35 milímetros. Hicimos la solicitud formal al secretario de Educación; se ha mostrado muy receptivo.
Le manifestamos nuestro interés de que los aparatos pudieran estar listos para el 16 de agosto.
Como derivación económica de nuevas condiciones de, proyección, la Cinemateca se propone cambiar gradualmente las butacas plásticas por las de tipo «pull-man». También se mejoraría el sistema de sonido, de bocinas chillonas y, por demás, insuficientes. La soprano Ivonne Haza fue recientemente martirizada durante la exhibición de una ópera que le amargó la función.
«Estamos conscientes de nuestras precariedades y tratamos por todos los médicos de superar las limitaciones».
En esa misma tónica nos habla de un plan de bonos para socios de la Cinemateca con la finalidad de allegar fondos para comprar ventiladores -«el -aire acondicionado sería muy costoso»-, películas clásicas -las nuevas generaciones de dominicanos desconocen casi en su totalidad el buen cine de antes de 1950 «_y disponer de una pantalla verdadera -porque la que tenemos es sólo una pared, y nada más»
Por la misma falta de fondos está sin revelar un concurso de guiones. Agliberto Meléndez trata de atrapar un patrocinio privado, mientras permanecen en hojas amarillentas los borradores referidos a talleres futuros sobre realización cinematográfica.
«Todo eso depende de disponibilidad económica. Nuestra única opción, por el momento, es la obtención de fondos mediante los bonos de pases. Con los dos proyectores de 35 milímetros esperamos iniciar una nueva etapa que deberá ser muy fructífera»
Hay otras secuencias en negro sin blanco de la Cinemateca que corresponderán a otro rollo de espacio. Es mucho lo que de primer plano ha ocurrido allí desde que Francisco Balbuena y la hermana de Agliberto Meléndez -directora de la Galería de Arte- prestaron dos proyectores para iniciar una proyección débil en milímetros, pero con muchas ganas de alcanzar otras dimensiones.
Por Juan Deláncer
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