RESUMEN
Primera parte
Las plataformas y las redes sociales no son gratis, son máquinas de hacer dinero. Google y Facebook son de las empresas más ricas del mundo. ¿El truco? Pocos empleados y ordenadores muy potentes. En la actualidad, la gallina de los huevos de oro de la industria tecnológica es vender los datos de sus usuarios. Los anunciantes son los clientes y nosotros el producto.
Algunos empleados que trabajaban en las redes sociales han abandonado sus empresas por problemas éticos. Las redes sociales tienen su cara positiva. Por un lado han acercan a la gente y nos dan acceso a mucha información, pero también existe una cara negativa, de la que se habla menos. Se está realizando un uso muy diferente al propósito original, cuya máxima era el acceso gratis y democrático a la red. Existe una conexión directa entre la salud mental de muchos usuarios y las redes sociales. Mucha gente se aisla en burbujas que están formadas por personas que piensan como ellos, contribuyendo a una mayor polarización.
Hay que recordar que en sus inicios se nos vendió Internet como el último reducto de libertad, un espacio sin publicidad y con total libertad de expresión. Mark Zuckerberg y compañía no vieron, en un principio, el enorme negocio que habían descubierto. Los usuarios regalamos nuestros datos a cambio de una supuesta gratuidad de Internet. Los problemas que están causando las redes sociales son numerosos en todo el mundo.
Para poder hablar con propiedad de las redes sociales primero habría que definir qué es un algoritmo. Un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de operaciones o reglas que permite la solución de un problema. Son básicos en informática. Las recetas de cocina o las instrucciones para montar un mueble, por ejemplo, pueden considerarse algoritmos. Los algoritmos son los que hacen que se optimicen los «motores de búsqueda» para ofrecer recomendaciones. Son utilizados por las plataformas y las redes sociales para recomendar o predecir qué quieren los usuarios.
Si las empresas tienen como principal objetivo obtener beneficios, las tecnológicas quieren que permanezcas el máximo de tiempo enganchado a ellas para conseguirlo. Más tiempo significa que seas más permeable a su publicidad; y por tanto a sus productos e intereses. No se trata solo de temas económicos, pueden ser también políticos, éticos o medioambientales. Se trata de aquella máxima que afirma que, si no pagas por el producto, el producto eres tú. Todas esas empresas compiten por nuestra atención. Facebook, Snapchat, Twitter, Instagram, Youtube, TikTok, Google, Pinterest, Reddit, Linkedin, etc, todas tienen el mismo objetivo.
La adicción que crean las pantallas resta tiempo para otras actividades, por ejemplo, el deporte o sociabilizar con personas reales. Algunos especialistas, como los cirujanos, han descubierto la aparición de un nuevo fenómeno, llamado «dismorfia de imagen». Son jóvenes que quieren operarse para parecerse a sus «selfies» en la red creados con filtros. También se ha creado el problema de la nomofobia o adicción a la tecnología.
Los discursos de odio se han multiplicado por las redes sociales y las diferentes plataformas. Poco después del desastre que causó la DANA en Valencia (España), aparecieron en las redes sociales numerosos videos falsos que aseguraban que las musulmanas se estaban beneficiando de las ayudas que de daban tras las inundaciones sin colaborar con las tareas de limpieza.
Las redes sociales tienen mucho dinero y pagan a buenos psicólogos que conocen bien el funcionamiento del cerebro. Van directamente a nuestra psique más profunda y primitiva, la emocional. Etiquetar a la gente, por ejemplo, funciona de maravilla. Nos es difícil ignorar, como seres sociales que somos, qué piensan los demás sobre nosotros. Quieren que miremos más publicidad para ganar más dinero. Es decir, quieren saber cómo manipularte psicológicamente lo más rápido posible.
Como algo innato, buscamos conectar con otra gente, y eso afecta a nuestra dopamina a través de la gratificación, y más cuando somos jóvenes. Las redes sociales optimizan la conexión entre personas, y eso es muy adictivo. Tanto las redes como los medios tradicionales, radio y televisión, buscan vender nuestra atención a los anunciantes. Si tengo mucha información sobre un individuo, puedo venderle mejor un producto.
Las pantallas se han convertido para muchos padres de menores en ¨chupetes digitales¨. Cuando un menor molesta o se aburre, le dan el teléfono móvil para calmarlo. Algunos dirán que no existe mucha diferencia entre la televisión y el teléfono, pero sí que la hay. Por ejemplo, el acceso de menores de edad a la pornografía.
Hace poco el Tribunal Constitucional de Rumanía decidía anular los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales y ha pedido volver a repetir las elecciones tras detectarse evidencias de injerencias rusas en los comicios. Se han detectado unas 25.000 cuentas procedentes de Rusia, en Telegram, TikTok y otras redes sociales, creadas con la intención de favorecer al candidato Calin Georgescu. Un político euroescéptico, muy próximo a los ideales de Vladimir Putin. Aunque a algunos les pueda parecer una decisión acertada, en el fondo crea un peligroso precedente. ¿Podemos anular lo que ha votado el pueblo argumentando que estaban manipulados?
Hace algunos años, en España, tres tuiteros fueron primero absueltos y luego condenados por un delito de odio bastante llamativo. Los tres individuos, animalistas radicales, desearon en las redes sociales la muerte de un niño de 8 años con cáncer (Sarcoma de Ewing), llamado Adrián Hinojosa, porque quería ser torero. La tauromaquia provoca mucha polarización en la sociedad española. Hasta el extremo de que algunos animalistas prefieren a los animales antes que a las personas. La desdichada criatura murió en el 2017. El caso ocurrió en el 2016.
El niño y el padre recibieron amenazas de muerte al hacer público, el primero, su deseo de torear. Se vertieron en las redes sociales, comentarios como: «Que se muera, que se muera» o «Vas a morir y así no harás daño a ningún animal». «Un niño enfermo que quiere curarse para matar herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir». Les enviaron fotos con armas de fuego, incluso. Los antitaurinos pueden ser muy radicales en su forma de pensar, pero creen están en el lado bueno de la historia. El más cínico de ellos argumentó que su mensaje no llegó a mucha gente porque no tenía muchos seguidores, como si eso fuese una excusa. Uno de ellos afirmó que le importaba «tres cojones la muerte del niño». Se les acusó en un principio de un delito contra la integridad moral. La acusación pedía prisión e indemnización económica para los tres acusados.
En España, existe la Asociación Nacional de Afectados por Internet y las Nuevas Tecnologías (ANFITEC). En principio, los tres sujetos, fueron absueltos amparados por la libertad de expresión. Los comentaristas eran conscientes que el niño era menor de edad, que tenía cáncer y que era aficionado a los toros (lidia).
Las redes sociales pueden ser un arma política. Todos recordamos el cierre en Twitter de la cuenta de Donald Trump o el caso de Hunter Biden, el hijo de Joe Biden. En la India se crearon grupos de linchamiento de Internet. Los supremacistas blancos las usan para mantenerse en contacto, organizar actos y difundir bulos. El Estado Islámico aprovechó las redes sociales para captar a seguidores en todo el mundo y pedir que se unieran a la Guerra Santa.
Las redes sociales realizan lo que se conoce como «Capitalismo de Vigilancia». En pocos años, hemos pasado de la era en donde se tenía acceso fácil a una cantidad de información enorme a la era de la sobreinformación, lo que nos lleva a la desinformación. Existe tanta información, que nos cuesta diferenciar la verdadera de la falsa. Esto puede suponer un peligro para las Democracias Modernas.
Las Redes Sociales, por sorprendente que pueda parecer, pueden provocar cambios de pensamiento y de comportamiento en la población. Todo lo que se hace en Internet, se rastrea, se mide, se analiza y se graba. No nos pongamos paranoicos, pero estamos vigilados. En principio, como dicen los buenistas, ¨si no haces nada ilegal, no tienes por qué temer¨. No hace falta ver la serie ¨Black Mirror¨ para ver los peligros de la tecnología. Con toda la información que tienen sobre nosotros, se hacen ¨modelos predictivos¨, para intentar vender un producto o manipularte.
Google, por ejemplo, te da respuestas a tus búsquedas, en función de la información que tiene sobre ti. Es decir, te dice lo que quieres oir; y eso nos hace tender hacia la polarización.
Mucha gente no sabe que cuando dos personas diferentes buscan información sobre un tema concreto, por ejemplo, el cambio climático, el buscador le da información diferente a cada uno, en función de la información previa que tiene sobre nosotros. No nos da la misma información buscando lo mismo, como ocurre en la Wikipedia. La gente se cree su propia realidad en función de la información que recibe. Puede parecer que todo el mundo piensa como tú o muy parecido. La realidad es que solo te estás relacionando con personas similares. Los que no piensan igual, están fuera de tu grupo social más cercano. Es el resultado de que las redes sociales organicen los grupos a través de filtros de afinidad. En ese punto es fácil que te manipulen. Por eso pensamos que los que piensan diferentes son tontos y no quieren ver la realidad. Nuestra realidad. El problema es que no ven la misma información que nosotros.
Ya es hora de que las plataformas y las redes sociales se responsabilicen de los contenidos que cuelgan sus usuarios. Habría que obligarles a que borren los contenidos inadecuados. El problema radica en donde ponemos los límites. Una política clara de uso sería de gran ayuda, junto a una verificación de identidades. El anonimato es un arma de doble filo muy peligrosa. El gobierno español pretende crear una ley que obligue a los internautas con más de 100.000 seguidores a rectificar la información falsa que difunden. Es decir, las ¨Fake News¨ que circulan por la Red.
Por la manera de funcionar los algoritmos y los motores de búsqueda, un video te lleva a otro similar, reforzando la visión sesgada sobre un tema en concreto. Si no tienes una buena formación, te será difícil no caer en la trampa. Esto fue lo que ocurrió en el caso del pizzagate. Cuando la gente es amante de las teorías conspiranoicas, el algoritmo te recomienda más; la Tierra plana, las vacunas, los extraterrestres, los chemtrails, la llegada a la Luna, la conspiración judeo-masónica, etc. Una espiral de la que es difícil salir.
Por: Alcides Pimentel Paulino.
