RESUMEN
Las señales que emanan desde el interior del Partido Revolucionario Moderno (PRM) han comenzado a generar inquietud en sectores políticos y sociales, ante la campaña política prematura en favor de la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, auspiciada por el equipo del expresidente Hipólito Mejía.
Esta ofensiva política, que se ha intensificado en las últimas semanas, se interpretada como una falta de respeto no solo a las instituciones democráticas y a la Junta Central Electoral (JCE), sino también a la compleja realidad social y económica que enfrenta actualmente la República Dominicana.
Las actividades proselitistas, aunque revestidas de encuentros institucionales o actos sociales, evidencian un marcado interés electoral que contraviene las disposiciones legales en torno a los plazos de precampaña. La propia JCE ha reiterado su posición sobre la necesidad de respetar el calendario electoral, advirtiendo sobre los riesgos de violentar la equidad y el orden del proceso democrático.
Se considera que este tipo de maniobras políticas distrae la atención de los verdaderos desafíos que enfrenta el país, como el aumento de la inseguridad, los retos económicos y las persistentes demandas de sectores sociales que aún esperan soluciones concretas. En ese contexto, diversos actores llaman a la responsabilidad y a la madurez política, en lugar de promover agendas personales a destiempo.
Particular atención ha despertado el hecho de que esta precampaña emergente se produce en momentos en que otras figuras del PRM con potencial presidencial –como Guido Gómez Mazara, David Collado, Wellington Arnaud y Yayo Sanz Lovatón– se mantienen concentradas en sus respectivas funciones públicas, optando por un perfil institucional, en contraste con las señales de activismo electoral que surgen desde el entorno de Hipólito Mejía.
La situación podría derivar en una pugna interna anticipada que fragmente la cohesión del partido oficialista y proyecte un mensaje de división ante la opinión pública. Esto representa, un retroceso en el compromiso de fortalecer la institucionalidad política y respetar el marco democrático.
Se impone un llamado urgente al liderazgo del PRM y del Gobierno central, encabezado por el presidente Luis Abinader, a reafirmar su enfoque en la gestión pública y en el cumplimiento de los compromisos asumidos con la ciudadanía. La prioridad nacional debe estar centrada en la estabilidad, la recuperación económica, la seguridad ciudadana y el fortalecimiento del tejido social.
Los “tambores de guerra” que hoy comienzan a sonar en el seno del oficialismo deben ser acallados por la sensatez y madurez política. Aún hay tiempo para competir, pero hoy, más que nunca, es momento de construir.
Por Lincoln Minaya
