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21 de enero 2026
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OpiniónLincoln MinayaLincoln Minaya

La afrenta a la educación y la decencia pública a propósito de video vulgar en escuela

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RESUMEN

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La reciente difusión de un video musical grabado supuestamente en una escuela abandonada ha provocado una oleada de indignación en diversos sectores de la sociedad. El tema, titulado “Shupamela”, no solo genera cuestionamientos por su carácter vulgar y obsceno, sino también por la utilización de un recinto escolar como escenario, un espacio que debe ser sagrado para la formación académica y la preservación de valores en la juventud dominicana.

La urbana Pamela Sandoval, quien junto a la exponente conocida como Menor Queen aparecen en la producción, Sandoval alegó que le informaron que el lugar se trataba de una escuela abandonada. Sin embargo, esa justificación resulta insuficiente. Tanto Sandoval como los demás involucrados son adultos conscientes del impacto negativo que este tipo de contenidos tienen en la niñez y la adolescencia, al normalizar la vulgaridad y presentar la falta de decoro como modelo de vida. Ya es tiempo de frenar la tendencia que busca imponer la cultura del “vape”, la “juca” y lo mundano sobre los valores de decencia y respeto que deben primar en un país que aspira a un mejor futuro.

El problema va mucho más allá de la locación escogida. El mensaje transmitido por exponentes de esta naturaleza constituye una afrenta a la sociedad dominicana, a las familias que luchan día a día por inculcar valores, y a un sistema educativo que intenta forjar una generación íntegra, responsable y comprometida con el bien común.

No es admisible que los recintos escolares, símbolos de la enseñanza y la superación, sean usados como plataformas para trivializar la educación o exaltar expresiones culturales degradantes. La libertad de creación artística nunca debe convertirse en excusa para atentar contra la decencia pública ni contra la formación de la niñez y la juventud, quienes representan la esperanza y el porvenir de la nación.

La sociedad dominicana debe reflexionar con firmeza: ¿qué ejemplo se está ofreciendo a nuestros jóvenes cuando se premia la vulgaridad con fama y dinero? No todo se vale en nombre del espectáculo. La música urbana tiene el potencial de crecer, innovar y proyectarse internacionalmente sin necesidad de contaminar a la sociedad con mensajes nocivos que atentan contra sus cimientos morales.

Ante esta afrenta a la educación y a la decencia pública, urge que exista un régimen de consecuencias. Es indispensable investigar cómo fue posible que los responsables tuvieran acceso a un centro educativo y determinar quién autorizó la utilización de un espacio que pertenece a todos. La protección de nuestros niños y jóvenes no admite excusas ni silencios.

Por Lincoln Minaya

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