RESUMEN
La historia política de la República Dominicana ha demostrado, una y otra vez, que el sistema de partidos se estructura alrededor de dos fuerzas dominantes, mientras una tercera, inevitablemente, termina desplazada, absorbida o condenada a la irrelevancia. Este patrón no es un simple accidente del devenir histórico; responde a la lógica de la competencia política en un escenario de democracia multipartidista que, en la práctica, funciona bajo dinámicas bipolares.
Durante la segunda mitad del siglo XX, Joaquín Balaguer consolidó el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) como una de las tres principales fuerzas políticas junto al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y, más tarde, al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Sin embargo, tras la muerte de Balaguer y la incapacidad del PRSC de renovar su liderazgo y adaptarse a las nuevas demandas sociales, el partido reformista fue absorbido electoralmente por el PRD y el PLD, hasta desaparecer prácticamente del escenario político de masas.
El Partido de la Liberación Dominicana, fundado por Juan Bosch en 1973, logró consolidarse como la maquinaria electoral más poderosa de la historia democrática reciente, acumulando veinte años de gobierno (1996-2000; 2004-2020). Sin embargo, las profundas divisiones internas entre los seguidores de Danilo Medina y los de Leonel Fernández terminaron por quebrar la unidad partidaria, dando origen a la Fuerza del Pueblo en 2019. Desde su derrota en las elecciones de 2020, el PLD ha experimentado una constante erosión en su base electoral.
La Fuerza del Pueblo, liderada por Leonel Fernández, ha capitalizado este vacío de representación. Su estrategia ha sido absorber progresivamente las estructuras peledeístas a nivel municipal, provincial y congresual, garantizando así un trasvase constante de dirigentes y simpatizantes. Este fenómeno reproduce lo ocurrido en la década de 2000, cuando el PLD absorbió gran parte de la base reformista tras la declinación del PRSC. La polarización actual entre el PRM y la Fuerza del Pueblo responde, entonces, a la misma dinámica histórica: el electorado tiende a agruparse en torno a dos polos principales, reduciendo al mínimo la incidencia de una tercera fuerza.
De cara a las elecciones de 2028, todo indica que el PLD se verá obligado a pactar, formal o tácitamente, con la Fuerza del Pueblo. La historia política dominicana enseña que ningún partido en franco declive logra sobrevivir de manera independiente en un escenario bipartidista. Así como el PRSC se convirtió en un partido satélite sin incidencia real, y el PRD cedió su espacio al PRM, el PLD se encamina a ser absorbido por la Fuerza del Pueblo. Este proceso no debe entenderse solo como un reacomodo institucional, sino como una reorganización del mapa político en la que la FP hereda la maquinaria territorial, los cuadros medios y gran parte del voto histórico peledeísta.
La República Dominicana está repitiendo el mismo ciclo histórico: dos fuerzas principales se consolidan y una tercera desaparece. Hoy, ese proceso se materializa con la absorción del PLD por parte de la Fuerza del Pueblo, lo que garantiza que las elecciones de 2028 se definirán en un duelo directo entre el PRM y la FP. La victoria de la Fuerza del Pueblo dependerá de su capacidad de articular una coalición amplia que sume no solo a los restos del PLD, sino también a sectores sociales desencantados con el oficialismo. Sin embargo, el hecho innegable es que la desaparición práctica del PLD como opción electoral relevante fortalece a la Fuerza del Pueblo y abre el camino hacia una posible alternancia en el poder.
