RESUMEN
La sociedad dominicana cuenta con una caterva de personajes que, a ojos de las autoridades fueron en su momento, comunes delincuentes que por sus acciones merecieron la muerte: Los mellizos de Palma Sola, en San juan de la Maguana, fueron acusados de ser unos pervertidos que conquistaban niñas con las que saciaban sus apetencias sexuales mientras se adjudicaban poderes divinos con los que curaban enfermos de toda índole. Enrique Blanco, fue un joven militar de desertó de sus funciones y fusil en manos, desafió a sus superiores en una cruzada carente de todo raciocinio humano; ambas historias terminaron en tragedia para sus protagonistas.
Cuando recogemos la historia sociológica de los dominicanos, Liborio Mateo o papá Liborio, es exaltado en importantes obras y estudios antropológicos culturales. Lo mismo sucede con el militar desertor Enrique Blanco, los Cuatreros del Este, los Gavilleros y, otros tantos personajes que integran una extensa lista de héroes y heroínas de nuestra cultura. El delincuente de ayer es el ídolo de hoy.
La alta clase social dominicana, cuenta con su pabellón de inmortales que ellos mismos eligen y, para lo cual hacen aprobar leyes que impidan sus cuestionamientos y obligan al culto al resto de la población. Así, nombran calles, parques y plazas con esos personajes que hicieron todo lo contrario a lo que se le adjudica.
Los pobres y ricos, no se han puesto de acuerdo para homenajear a sus ídolos difuntos. Con bandera a media asta, declaratoria de duelo nacional y cubiertos con la enseña tricolor, los ricos sepultan los suyos. Con droga, música y alcohol los pobres hacen lo propio, mientras en ambos lados se vierten las correspondientes críticas a sus inmortales.
El hecho más reciente lo constituye José Antonio Figuereo Bautista (Kiko la Quema), quien calló abatido cuando supuestamente enfrentó a una patrulla policial y quien era perseguido desde noviembre del año 2023, por actividades reñidas con la justicia. Su sepelio, se convirtió en un mar de lágrimas que conmovió a unos y alarmó a otros.
Su filantropía con los residentes en la comunidad de Cambita, en San Cristóbal, quedó evidenciada con los meses que duró su persecución y el nivel de lealtad que le brindaron los lugareños. Todo el Estado dominicano detrás de un solo hombre, resalta su capacidad operativa y la debilidad institucional del país.
A juzgar por hechos pasados y la historia presente, no me sorprendería si las futuras generaciones ven en Kiko la Quema, una leyenda urbana.
Por: Florentino Paredes Reyes.
