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6 de febrero 2026
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En el país hay muchas bancas de lotería y demasiado jugadores.Es un vicio que lacera la precaria economía de los dominicanos más pobres.Son múltiples sorteos diarios que tienen a los jugadores sumidos en un estado de desesperación, de angustia y ansiedad.Muchos no concilian el sueño pensando en el dinerito que perdieron en las rifas del […]

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RESUMEN

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En el país hay muchas bancas de lotería y demasiado jugadores.

Es un vicio que lacera la precaria economía de los dominicanos más pobres.

Son múltiples sorteos diarios que tienen a los jugadores sumidos en un estado de desesperación, de angustia y ansiedad.

Muchos no concilian el sueño pensando en el dinerito que perdieron en las rifas del día…pero mañana la banca vuelve y se queda con su dinero. Es un círculo vicioso.

Otros se desvelan escudriñando cómo conseguirán dinero para jugar al día siguiente. Están atrapados en la perdición, son “rehenes” del azar.

Su infortunio es alimentado por unos cuantos vivos que tienen negocios y programas de televisión mintiendo y estafando (casi robando) a incautos e ingenuos.

Ofrecen los números del 1 al 100 para asegurarse que al menos un cliente acierte, y otros dos consiguen aproximaciones. 97 pendejos quedan defraudados y estafados.

El que acierta, a fuerza del azar, esparce a su alrededor una falsa predicción del “numerólogo”, que le garantizan a éste tres o cuatro bobos más para su lucrativo y funesto negocio.

Ellos deberían estar presos por estafa y negociar con la necesidad y la ignorancia de mucha gente.

Dicen que adivinan los números premiados, pero no le aciertan a la lotería con un premio gordo para sí mismo, y prefieren seguir engañando a miserables y pendejos.

Esos timadores ganan cuando los demás pierden. Qué triste ¡

No tienen perdón de Dios. Son perversos, despreciables, ruines y desalmados, que viven de la pobreza de gente desvencijada, que incompleta el diario de la casa, vende y empeña ajuares para jugar.

Si hay un infierno, ellos, los “numerólogos”, tienen su boleto asegurado, sin escala, y reservación en primera fila. Por malvados.

POR LUIS BRITO