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14 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

José René Román (Pupo), un traidor a todas luces

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RESUMEN

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Los personajes y los hechos históricos, debemos aprender a evaluarlos en su justa medida, sin medias tintas. Para fijar una posición clara, que nos lleve a identificar sus actitudes y clasificar sus actos.

Los acontecimientos que rodearon la vida del secretario de las Fuerzas Armadas desde agosto del 1960 hasta principio de junio del 1961, José René Román (Pupo), estuvieron en una sola dirección, la traición. Son quienes han escrito sobre este personaje que erigieron una muralla de incongruencias y desinformación, intentando crear una hoja de vida, todo lo opuesto a sus actuaciones, la noche del 30 de mayo cuando mataron al chivo.

En lo que todos estamos de acuerdo, es que formó parte de la trama, un supuesto plan B, consistente en dar un Golpe de Estado con la ayuda de otros oficiales de alta investidura, entre los que estaba Juan Tomás Díaz, habiendo puesto como única condición: que le mostraran el cuerpo de Trujillo para actuar. Una petición nada sencilla pero que fue complacida, sin embargo, no actuó.

Dada la sencillez de su requerimiento, fue cumplido al pie de la letra, razón por la que Antonio de la Maza y Huáscar Tejeda, cargaron el cuerpo del Benefactor y lo introdujeron en la cajuela del vehículo, dándose cuenta de lo pesado que era el Padre de la Patria Nueva.

De acuerdo con las declaraciones de Modesto Díaz, Huáscar Tejeda, Luis Salvador Estrella Sadhalá y Roberto Pastoriza, René Román (Pupo) daría continuidad a la obra que ellos iniciaron y que llevaron a feliz término, ajusticiando a Trujillo.

La noche del 30 de mayo Juan Tomas y Luis Amiama le pidieron a Modesto que los llevara donde Pupo Román. En el camino Luis Amiama sugirió buscar al hermano de Pupo, Bibín Román, pero éste no estaba en su casa sino en la de Bocico Bonetti donde fue localizado. Desde allí todos fueron a la casa del general Román.

Seguir los pasos de José René Román (Pupo) las horas posteriores a la muerte de Trujillo, nos aclaran el camino sobre la construcción de su accionar: hacerse el dormido ante los insistentes bocinazos que desde el vehículo le hicieron los desesperados complotados cuando estuvieron al frente de su residencia. Ordenó matar infracto a los implicados automáticamente se les viera en cualquier lugar. El primero de junio asesinó al ex mayor del ejército Segundo Imbert Barrera (hermano de Antonio Imbert Barrera) y a Rafael Augusto Sánchez Sanlley (Papito), quienes guardaban prisión en el penal de la Victoria y sabían de su implicación.

Hasta el día 4 de junio cuando fue apresado en la base aérea de San Isidro, estuvo presente en el velatorio de Trujillo, dio el pésame a sus familiares, rindió tributo al féretro y no dio muestra de querer articular el segundo plan como se había comprometido. Demostración fehaciente que nada le importaba la suerte que corrieran sus amigos y compadre, Luis Amiama Tió. Tal vez creyendo que había borrado todas las huellas incriminatorias.

La baja estatura moral de Pupo fue públicamente debatida. Fue un hombre descuidado, alcohólico, traicionero, ladrón, que no supo mantener su promesa a su compadre Luis Amiama Tió y a su amigo Antonio de la Maza Vásquez.   No olviden las declaraciones que Ramfis Trujillo ofreció al corresponsal de la revista ELITE, José Suarez en el mes de marzo del 1966 y, que fueron reproducidas por el periódico El Tiempo de la cuidad de New York, en los primeros días del mes de abril del 1966.

Los hijos de Pupo:  José Rene Román hijo, Álvaro Antonio Román y Nancy Román de Marrero, deben guardar en su memoria los intentos que hicieron para dialogar con Horacio Frías, para que éste no divulgara las informaciones sobre el accionar de Pupo la noche en que ajusticiaron a Trujillo y la tarde del primero de abril.

Desde el apresamiento de Román, en junio del 1961 y hasta el 2 de abril del 1965, sus familiares directos, no se interesaron por saber sobre su suerte, no dieron declaraciones. Mostraron una indiferencia inquisidora hacia él para destaparse con una epopeya heroica, que ha servido de portada a todos los que se han hecho referencia positiva a su persona: ¨Privado de alimentos y de agua, cosidos ambos párpados, mutilado cobardemente, quebradas las costillas a fuerza de golpes inhumanos, mantenido en pie a fin de que no pudiese conciliar el sueño, como su integridad no pudo ser vencida, se abrió sobre su cuerpo ya casi exánime el fuego de las ametralladoras, sellándolo de heridas mortales¨.

Las declaraciones de Ramfis fueron todo lo opuesto, nada de lo anterior sucedió. Su confesión se obtuvo sin maltratos, bastaron unos días sin alcohol para que la abstinencia le impulsara a un gustoso intercambio de información. Se le aplicó la ley de fuga y todo lo demás es historia, porque Ramfis no quiso contar más, eso sí dejó bien claro: nada de la narrativa épica sucedió.

Quienes tengan dudas de mis observaciones sobre la figura de José René Román, Pupo, les invito a leer la obra de Emilio Rodríguez Demorizi, ¨La muerte de Trujillo según sus testimonios y los papeles de Ramfis¨ con la edición de Bernardo Vega, para que entiendan las reacciones de Román, hombre falto de carácter en el plano militar y con una vida destruida en el plano familiar.

También Jonny Abbes García lo señala como orquestador del plan para asesinar las Mirabal. El periódico El Tiempo, de la ciudad de New York el 7 de noviembre del 1967 lo presenta con lujos de detalles, para quienes escriben por pasión y no por convicción.

La mejor referencia son las fuentes directas, las cartas, discusiones de familiares y amigos, los testimonios de compadres y allegados. Que nos llevan a tener una mejor visión del personaje en cuestión.

Si nos vamos a las fuentes, entenderemos mejor la historia y sus personajes. Construiremos una clara visión de sus acciones y sabremos distinguir los héroes de los villanos, los fieles de los ingratos, los buenos de los malos. Sabremos que José René Román (Pupo), fue un traidor a todas luces.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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