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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

José Francisco Heredia y Mieses, padre del Cantor del Niágara

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RESUMEN

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El 1 de diciembre del año 1776 nace, en la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana), el historiador, traductor, jurista, educador y políglota José Francisco Heredia y Mieses, padre del célebre poeta cubano José María Heredia y Heredia (El Cantor del Niágara), procreado con su prima María de la Merced Heredia y Campuzano (1782-1855). El padre de su esposa fue el célebre novelista banilejo Nicolás Heredia y Pimentel (1852-1901), asumido por los cubanos como de ellos, pero esa es otra historia.

José Francisco Heredia y Mieses

Como ya ha ocurrido en múltiples ocasiones —por circunstancias históricas determinadas, y por razones políticas apocales que transforman la vida de familias enteras— José María Heredia y Mieses tuvo que emigrar, abandonar la Isla.  Figura entre los primeros intelectuales dominicanos que emigraron de la Isla a raíz del Tratado de Basilea firmado el 22 de julio de 1795 entre Francia y España.

Parte hacia Venezuela en 1801, instalándose en Coro, donde reanudó el ejercicio de la abogacía y contrajo nupcias con María de la Merced el 2 de agosto de ese mismo año. Sobre su estancia en la patria de Andrés Bello el humanista Henríquez Ureña señala:

«[…] llegó de regente en la Audiencia de Caracas y el de alcalde del crimen en la de México; hombre de acrisolada integridad y de bondad excepcional; historiador excepcional también por su don de emoción contenida, su honestidad intelectual, su firme amor a la justicia, su dolorido amor al bien. Del siglo XVIII recibió la fe en la humanidad, pero le tocó verla de cerca en delirios de crueldad y de odio».(1)

En junio de 1803 arriba a la isla de Cuba para ocupar el cargo de Juez de Bienes de Difuntos en la ciudad de Santiago de Cuba. Allí reside por poco tiempo ―circunstancia en que nace su hijo José María el 31 de diciembre de ese mismo año― y en 1805 parte hacia México, desembarcando en junio de 1806 en el país azteca para asumir las funciones de Asesor de Intendencia en el municipio de Papalotla. Durante su estancia en México, entre 1808 y 1809 traduce del inglés al español los dos tomos del libro del londinense Lewis Goldsmith: «Historia secreta de la Corte y Gabinete de Saint Cloud». Un dato curioso: en la portada del libro, impreso en Cadiz en los talleres de la Imprenta Real, no se indica su nombre; solo se indica «Traducida al castellano por un español americano». Eran los tiempos del coloniaje español en el Nuevo Mundo.

En 1810 sale de México rumbo a Venezuela, pasando por Cuba y Santo Domingo, luego de haber sido nombrado por la corona española —Fernando VII era el rey— oidor de la Audiencia de Caracas, cargo que ocupó hasta julio del año siguiente debido a que en la capital venezolana. Duró un tiempo en Venezuela dedicado a sus proyectos personales, escribiendo y ejerciendo su profesión de abogado; en 1817 parte de Caracas hacia La Habana, donde se dedica a escribir sus memorias hasta el momento en que es nombrado Alcalde de Crimen en la Audiencia de México, hacia donde se embarca en abril de 1819. Jamás volvería a pisar su terruño patrio.

Es importante resaltar —porque podría escapársele tan importante hecho a los lectores— que de todo ese peregrinar del dominicano  José Francisco Heredia y Mieses como figura pública el que, al pasar el tiempo, sería el fundador de la poesía romántica en la América hispánica, José María Heredia y Heredia, recibió influencias directas, conviviendo con su padre y asimilando todo ese proceso de las luchas independentistas libradas por las naciones americanas frente al imperio español a principios del siglo XIX.

Es el autor de unas «Memorias sobre las revoluciones de Venezuela»,(2) editadas en 1895 por el crítico literario cubano Enrique Piñeyro (1839-1911), quien, en la introducción, cita unas elogiosas palabras del erudito Andrés Bello en reconocimiento a los méritos de hombre de bien del ilustre dominicano:

«Parécenos justo, aunque sea á costa de una digresión, valernos de esta oportunidad para tributar á la memoria del difunto señor Heredia el respeto y agradecimiento que le debe todo americano por su conducta en circunstancias sobremanera difíciles».(4)

Esa obra —considerada como la primera historia escrita sobre la revolución venezolana—  tiene una indudable importancia documental en lo que respecta a la historia de las relaciones entre los pueblos dominicano y venezolano. De ella poseemos la edición príncipe en soporte digital.

En 1947 el historiador venezolano Mario Briceño Iragorry (1897-1958) publicó —en Caracas (Venezuela), bajo el auspicio del Ministerio de Educación Nacional de ese país suramericano— un estudio sobre Heredia y Mieses titulado «El Regente Heredia o la piedad heroica».

El fallecimiento de José Francisco Heredia y Mieses ocurrió en México el 30 de octubre de 1820, «agotado por los males morales y físicos que padeció en Venezuela»,(3) dice Pedro Henríquez Ureña, lo cual nos hace recordar la causa similar que provocó la muerte, 83 años después, del prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos. En México se quedó viviendo su hijo José María Heredia y Heredia, quien, al momento de morir su ejemplar padre, aún no había cumplido los 17 años de edad. Y en ese país falleció también en 1839.

 

CITAS:

(1) Pedro Henríquez Ureña (PHU). «La cultura y las letras coloniales», en su «Obra crítica». México: Fondo de Cultura Económica, 1960. Pp. 363-364).

(2) París, Francia: Librería de Garnier Hermanos, 1895. 304 p.

 (3) PHU. Loc. cit.

 (4) En: «Obras completas» de Andrés Bello. Santiago de Chile, 1884. Vol. VII: p. 260. [Hay una reimpresión de 1916 hecha en Madrid, España].

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*Bibliógrafo. Presidente del Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL) y del Centro Dominicano de Estudios Hostosianos (CEDEH).

Por Miguel Collado

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