RESUMEN
La partida del maestro José Cestero nos dejó un vacío físico, pero confirma una verdad esencial de cómo lo auténtico no muere, se transforma en legado.
Cestero fue mucho más que un destacado artista plástico dominicano.
Fue voz visual de una época, de una identidad urbana, sensible y profundamente humana que dialogó con el Caribe, América Latina y el mundo.
Su obra contribuyó de manera decisiva a la modernización de la plástica nacional y a la proyección internacional del arte dominicano.
Galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas, su trayectoria estuvo marcada por un estilo único en su búsqueda constante, honesta y valiente.
Cada trazo fue una forma de narrarnos como sociedad, de mostrar nuestras tensiones, silencios, luchas y aspiraciones colectivas.
En este contexto, cobra especial relevancia el In Memoriam impulsado por Banreservas, al extender su exitosa exhibición y llevar la obra de Cestero a FITUR en Madrid, uno de los principales escenarios globales de promoción turística.
Este gesto trasciende el homenaje artístico y reafirma que la cultura es un activo estratégico, capaz de fortalecer reputación, identidad y posicionamiento global.
José Cestero continúa siendo embajador de nuestra cultura, incluso después de dejar este plano.
Su obra sigue representándonos y recordándonos que el desarrollo de una nación no se mide solo en excelentes resultados e indicadores económicos, sino también en su capacidad de honrar, preservar y proyectar su alma creativa.
El Banco de Reservas honra el gran legado cultural dominicano al presentar nuestro arte como marca país en FITUR 2026.
Sin duda, esta es su legacía más perdurable.
Por Vilma Yolanda Batista
