Jeques petroleros, “Ojo al Cristo”. ¡Se siembra, y se recoge!

Por Rolando Fernández martes 5 de mayo, 2020

El llamado oro negro, es un recurso terrenal, sin propiedad exclusiva de nadie, no obstante, algunos envalentonados jerarcas crean que sí.

Ese, al igual que otros, ha sido puesto a disposición de la humanidad por la Madre Naturaleza, debido a la imprescindibilidad de su uso, casi generalizado por parte de los hombres (general).

Sin embargo, los magnates petroleros se han creído ser los dueños del mundo, por disponer de tal bien; como, haber nacido, y pertenecer aún a las sociedades de algunas de las naciones favorecidas con porciones de terrenos inundadas del crudo energético negros, tan demandado, para su explotación minera, y distribución entre todos, se supone, por razones de justicia divina.

¡Para el Supremo Creador, no hay privilegiados en el plano terrenal!
Lo que se ha venido haciendo desde tiempos inmemoriales es, en vez de promover un repartimiento equitativo para uso del referido activo, a nivel de los habitantes del planeta, aun sea transándolo a precios justos. ha sido la comercialización, especulativamente hablando.

Sí, por parte de los “príncipes” posesionarios engreídos, en pos de agenciarse pingues excedentes de capital, que les permita luego proceder con los subyugamientos humanos diversos apetecidos, respecto de los pueblos subdesarrollados del llamado tercer mundo, y carenciados por demás, principalmente.

Es Indudable que, el petróleo, y sus derivados comunes más directos, son de los motores principales del sistema capitalista de producción, sino los que más, siempre que la corrupción en los estados de que se trate, no desacelere el curso de ese modelo de explotación tan cruel. Y, por supuesto, hay que fortalecerlo cada vez más, ocurra eso, o no.

Las riquezas que logran acumular esos magnates, maniobrando y especulando con los precios del barril, en todos los ámbitos, incluidas las operaciones financieras en las llamadas bolsas de valores, las utilizan para fomentar mercados de capitales, principalmente en los calificados países tercermundistas, donde impera siempre la iliquidez, debido a la corrupción de los políticos al mando.

En ellos promueven la colocación de préstamos a largo plazo, como a tasas blandas, embaucadoras, aunque condicionados los empréstitos, obviamente, siempre en pos de procurar determinadas libertades de acción injerencistas.
Para ello utilizan, por lo regular, la intermediación de los organismos internacionales de financiamiento; títeres, que fungen, además, como administradores de los sobrantes monetarios de aquellos, y que son los que dan directamente la cara, a la hora diseñar e imponer amarres para dominio de soberanías.

Son recursos ofertados que reciben los políticos de turno, alegremente, y sin medir consecuencias patrióticas; que los aprovechan para cubrir déficits de liquidez, entre otros usos cuestionables que les dan, como la construcción de obras públicas, verbigracia, no reproductivas, en términos de ingresos, para poder honrar luego los compromisos previos asumidos.

Y, que permiten a los prestamistas, como es lógico suponer, continuar manteniendo siempre a las naciones pequeñas bajo sus pies, maniatadas y subyugadas; procurando que sean siempre sus serviles, y fieles esclavas.

En estos tiempos precisos del Covid-19, los precios del barril del petróleo se han desplomado, como consecuencia de la paralización de las actividades económicas a nivel mundial, algo sin precedentes en la historia creemos. Se han ido a pique las abultadas ganancias que venían logrando esos turpenes.

¿Y, por qué, realmente?, habrá sido la pregunta obligada que tantos se han hecho hasta la fecha, en relación con la ocurrencia. Será debido a una punición kármica, con el propósito de que recapaciten, y acepten que, todo cuanto existe sobre, y debajo de la Tierra, a toda la humanidad pertenece.

Que la división del mundo en parcelas denominadas países, o naciones, y que muchas guerras han provocado – matanzas entre hermanos -, es solo producto del egoísmo, como la intención hegemónica que domina a los hombres. Olvidan que, “Todo es Uno”, según lo establece una primera Ley Sagrada, y que esa debe ser siempre observada.

Qué, como consecuencia de esas actitudes humanas tan impropias, y permanecer siempre adheridos a ese proceder inhumano, no cabe duda, podría acarrear la aparición de otro virus: “Covid: 20, 21”, con mayores efectos desbastadores, que sobrevendrían directamente sobre ellos, hasta dejarlos sin haberes, y aliento físico alguno.
¡Qué sigan jugándose con la Madre Naturaleza! Esa tiene los juegos bien pesados a veces, preciso es recalcar.

Autor: Rolando Fernández

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