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23 de febrero 2026
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OpiniónCAROLINA SADDLERCAROLINA SADDLER

Invierno infernal bajo los abusos israelíes

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RESUMEN

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En octubre del año pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump anunciaba con “bombos y platillos” un “alto al fuego” entre Israel y Palestina, lo que dio a muchos una pequeña esperanza, de que por fin terminaría el martirio de los palestinos.

Sin embargo, según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU), más de 570 gazatíes han muerto y más de 1,500 han resultado heridos desde el supuesto “alto el fuego”. Alrededor de 108 de los palestinos muertos eran niños y al menos 67, eran mujeres.

Los bombardeos, si bien han cesado, no han parado. La destrucción, los abusos, los asesinatos y el robo continúan, sin que ninguno de los facilitadores del “alto al fuego” se pronuncien al respecto o hagan algo para detener las continuas violaciones cometidas por el Estado de Israel.

Los palestinos que han sobrevivido las torturas israelíes enfrentan otras situaciones que ponen en riesgo sus vidas. Me refiero al crudo invierno que, desde hace meses, ataca fuertemente a la sufrida población palestina.

Si bien es fundamental no omitir el contexto social y político en el que “viven” los palestinos, el invierno, una época de vulnerabilidad, hace que la situación sea aún peor para la doblegada población.

La infraestructura dañada y la falta de sistemas de drenaje adecuados hacen que las inundaciones sean frecuentes.

Dada la escasez crónica de todo, incluida la comida, la electricidad, el combustible para calefacción y medicamentos, los palestinos se mueren fácilmente del frio y del hambre.

Una táctica más del gobierno israelí para exterminar sistemáticamente a los palestinos.
En los campos de refugiados las “viviendas” a menudo carecen de aislamiento térmico, convirtiendo la humedad en un enemigo para la salud de la población más vulnerable.

Tiendas de plásticos llenas de agua, mugre, suciedad y enfermedades, convertidas en “hogares”.
Para miles de familias, el concepto de “morada” ha sido sustituido por tiendas de campañas de plástico, nailon y lona en campos improvisados.

La humedad y el hacinamiento causan, más que miedo, terror.

Las lluvias torrenciales inundan las tiendas en cuestión de minutos, empapando las pocas mantas y ropas que las personas lograron rescatar de los escombros.

Los palestinos duermen sobre la tierra húmeda, lo que no es una incomodidad, sino una sentencia para enfermedades como la hipotermia, la neumonía, o algún padecimiento infeccioso, especialmente en niños cuya inmunidad esta debilitada por la desnutrición.

Al menos 10 niños han muerto a causa del frío desde el inicio del invierno, mientras el mundo continúa viviendo como si nada estuviera pasando en Palestina.

En el contexto del bloqueo implementado por Israel, la calefacción eléctrica, un buen fuego, o una simple sopa caliente son recuerdos lejanos.

Los palestinos se ven obligados a quemar lo que sea para sobrevivir. Ya sea para cocinar, calentarse o simplemente, subsistir. La población se ve obligada a quemar plásticos, cartón y/o restos de muebles.

Lo que nos lleva a como el humo toxico en espacios cerrados está provocando crisis respiratorias masivas.

Con los pasos fronterizos cerrados por el pueblo “elegido” por Dios, la entrada de ropa de invierno es mínima. Solo hay que detenerse y echarle un ojo a algún video de las redes. Es común ver a niños caminando entre el lodo descalzos, en sandalias o en a penas una camisa ligera.

Obviamente, solo sobrevivirán los que el universo, la suerte o algún Dios elija.
El impacto de los bombardeos israelíes ha dejado a las ciudades sin sistemas de drenaje. La destrucción de las tuberías provoca que la lluvia se mezcle con desechos cloacales, creando un “batido” de epidemias de hepatitis y enfermedades gastrointestinales.

Las carreteras destruidas se vuelven intransitables con la lluvia, impidiendo que las escasas ambulancias lleguen a los heridos o que la poca ayuda humanitaria se distribuya de manera efectiva.

Si bien el invierno palestino no es un desastre natural, el mismo se ha convertido en la pesadilla de cualquier padre, siendo un agravante manufacturado por el Estado israelí.

El invierno en Palestina se ha convertido en un factor crítico de mortalidad.

Todo por la necesidad imperante de Israel de eliminar a la población palestina y robarse lo que no es suyo.

Pero, recordemos, siempre quedará un Moises.

El pueblo palestino ha sido históricamente resiliente, y a pesar de la devastación, la resiliencia se manifiesta en los pequeños gestos, la empatía y la generosidad, no solo de los mismos palestinos sino de gran parte de la población mundial.

Y si bien la resiliencia tiene límite físico, sobre todo cuando el cuerpo carece de calorías para generar calor, tengo la esperanza de que, de alguna forma, Palestina sobrevivirá.

A pesar de la crisis existente, de la precariedad absoluta, de las dificultades para obtener suministros básicos, de las tiendas de campañas y los refugios improvisados, lo ultimo que se debe perder es la esperanza.


Por Carolina Saddler

@saddlerucarolina carolinasaddler@gmail.com

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