RESUMEN
No son graciosas ni agradables las intervenciones. Pero, la intervención social en el caso de la violencia en los centros escolares, se hace necesaria como forma de prevenir males mayores a la sociedad en la que se produce el fenómeno. Además de una necesidad, la intervención social para enfrentar situaciones violentas en los centros escolares no es más que es un conjunto de acciones, las que deben nacer desde unas políticas y estrategias organizadas en un plan, para identificar y abordar problemas y situaciones que generen vulnerabilidad en el ámbito escolar para algunos estudiantes. Se trata de realidades atípicas que afectan a estudiantes y a veces a docentes, así como a otros individuos del conglomerado académico.
La acción de intervención procura mejorar la calidad de la convivencia al interior, y a veces en el entorno geográfico y social del centro escolar.
La intervención social para trabajar la violencia escolar se sustenta en un conocimiento teórico y legal, sumando a estos dos aspectos, los elementos de la solidaridad y el sentido de justicia, para poder implementar cambios positivos en la conducta y disciplina de los involucrados, con miras a intervenir en el comportamiento de los actores del sistema educativo. Es un proceso que se debe desarrollar, respetando los derechos de los involucrados, pero exigiendo el cumplimiento de los deberes en el quehacer diario de las interacciones personales y grupales.
Se trata de una metodología capaz de mejorar el intercambio social, desde los derechos, la solidaridad y el sentido de justicia, sin obviar los deberes de cada uno de los actores involucrados.
Este proceso posee unos componentes que pueden considerarse clave. Se trata de diagnosticar el contexto como vía de identificación de problemas. Para lograrlo con efectividad, se debe analizar y reconocer las deficiencias del sistema social en donde se aplicará, teniendo en consideración variables como la desigualdad, la pobreza o la falta de oportunidades. El objetivo esencial de este proceso de trabajo integral, es alcanzar la calidad de vida y el bienestar de los individuos, del centro escolar y el de las comunidades, promoviendo un desarrollo más equitativo y sostenible.
El trabajo implica desarrollar acciones sistemáticas en la aplicación de los elementos administrativos de sus etapas mecánica y dinámica, procurando la colaboración activa de las personas, del centro educativo y de las comunidades involucradas, pero, sin olvidar reconocerlas como copartícipes en la solución de sus problemas.
De este proceso de intervención social para mejorar la convivencia escolar, se debe esperar la generación de cambios positivos y duraderos en la convivencia pacífica, sobre la base del respeto mutuo y en procura de solidificar la dignidad individual y colectiva, sin dejar de dotar a los individuos de las herramientas necesarias para mantener criterios propios del ejercicio autónomo y el fortalecimiento de la cohesión institucional de la escuela, la familia y la comunidad. En aras de llegar a feliz término con respecto a los propósitos esperados, se debe tomar en cuenta, que para fortalecer el trabajo, legitimar las acciones y construir confianza, se deben trabajar protocolos de actuación, estableciendo procedimientos claros para la denuncia y atención de situaciones de violencia escolar.
Los centros escolares deben garantizar apoyo a las víctimas, a través de garantizarles espacios de seguridad para expresar sus experiencias y recibir apoyo emocional y legal, si es necesario.
Trabajar con la otra cara del problema es también una responsabilidad de la escuela, identificando las causas de los comportamientos, para ofrecerles herramientas para el cambio conductual necesario, porque el agresor tiene también el derecho a ser intervenido en los trastornos o las patologías que padece, si es que las tiene. Durante el proceso, la intervención social utiliza enfoques restaurativos, para promover la reparación de daños causados a la víctima, trabajando la reconciliación entre las partes involucradas, siempre bajo la conducción profesional de psicólogos, trabajadores sociales y otros profesionales con las calidades necesarias para abordar la violencia escolar.
Es necesario enfatizar, que la violencia escolar se enfrenta con inteligencia emocional, para poder desarrollar programas de mediación de conflictos, los que habrán de hacerse a través de talleres sobre habilidades socioemocionales, el incentivo de una efectiva formación docente en disciplina positiva. También la intervención recomienda, por vía de campañas de sensibilización, el desarrollo de proyecto socio-productivos, dirigidos por los estudiantes y monitoreados por profesores.
La estrategia de desarrollo y prevención de la violencia escolar debe ser integral y adaptada a las necesidades específicas de la respectiva comunidad escolar. Esto implica la colaboración entre el Ministerio de Educación, las escuelas, las familias, los estudiantes y la sociedad civil, siempre con el propósito de crear entornos escolares seguros, respetuosos y libres de violencia.
Por Francisco Cruz Pascual
