RESUMEN
Creo que la noción de «intelectual orgánico»; es particularmente interesante, si queremos entrar en el campo del análisis de una abundancia de actividades no coordinadas desde el quehacer diario de los pensadores, ya sean orgánicos, políticos o independientes. Ese quehacer que incide en forma subjetiva en nuestro existir y que, en forma instintiva (y quizás sin darnos cuenta), nos identificamos y nos plegamos a ellas en la práctica de nuestra existencia, a veces sin profundizar en sus argumentos.
Se trata de esas acciones tradicionales de personajes ilustrados que se dedican a trazar caminos a los ciudadanos, desde su visión, misión y valores. Estos intelectuales pueden ser religiosos, literatos o filósofos que muchas veces modelan algunas de nuestras actitudes, porque nos impactan y finalmente nos seducen.
Antonio Gramsci fue pionero en la presentación de idea de una conceptualización nueva e innovadora del intelectual. Este pensador profundo, con sus teorías en la transformación del papel que desempeñaba hasta la fecha la intelectualidad (como figura-guía), en el desarrollo y estabilidad del régimen capitalista. Gramsci al lanzar sus ideas, vinculaba al intelectual con características estructurales de los procesos de socialización política.
Es lamentable, que sus reflexiones permanecieran ajenas a los debates sobre el papel de los intelectuales en el contexto social y público después de la gran guerra.
Fueron los neoliberales y su contrarreforma, los que, a través de la construcción inteligente de una maquinaria de producción hegemónica en la posguerra, los que recuperaron esta visión de Gramsci sobre la figura del intelectual y su papel en el desarrollo del capitalismo.
Hace decenas de años que el liderazgo político con visión social e ideas emancipadoras se encuentra en dificultades para ganar batallas por la hegemonía social y política. Las razones encuentran sus raíces, en que a que la intelectualidad posfordista promovió desde sus resquicios, intervenciones anti institucionales, las que fluyeron gracias a la flexibilidad que se instaló en el contexto social. Esta flexibilidad que no era casual, sirvió de caldo de cultivo a los intereses neoliberales, encontrando un camino fácil para imponer sus metas, consolidar sus objetivos y lograr sus propósitos.
Esta realidad construida por los neoliberales, fue levantando obstáculos, cerrando posibilidades para lograr acciones democratizadoras y dañando los espacios que se habían creado para buscar consensos sociales con la amplitud necesaria, como para enfrentar contextos económicos recesivos. Todo esto fue abriendo camino a unas alternativas políticas de cuño autoritario y antiliberal que se enquistaron en el poder de algunos Estados.
Volvemos al tema de la intelectualidad orgánica, para afirmar, que un político como actor de una organización política, tiene la posibilidad de desarrollar una labor transformadora y en el mismo orden, un intelectual independiente también, sin importar que tenga simpatías políticas, partidarias o comulgue con algunos aspectos de corrientes ideológicas. Lo consideramos de esa forma, porque puede aportar al sistema cualidades para su fortalecimiento e institucionalidad.
Pero, si un intelectual se coloca al servicio de una empresa o unos intereses no sociales, su quehacer no es intelectual, porque la práctica intelectual no puede esta determinada por un seguimiento de una instancia no intelectual. La función básica de estas personalidades, es otorgar legitimación intelectual a organizaciones o instituciones seleccionadas desde su interés particular.
Estos supuestos intelectuales al servicio de entidades u organizaciones sin interés social, son conducidos desde el pensamiento de quienes le sustentan un salario o unos beneficios personales que en nada benefician a la sociedad.
Para que la práctica intelectual se convierta en política, deben cumplirse ciertos pasos. Y es de esa manera, porque la práctica intelectual se convierte en política, desde una apertura hacia la realidad de los acontecimientos.
Cada acontecimiento que se presenta en un proceso o situación, ha de ser nuevo, porque si no lo es, entonces, la realidad tampoco lo es. Las ideologías no pueden dar cuenta de la realidad de los acontecimientos, porque las ideologías son sobre todo sistemas y, por lo tanto, no pueden reaccionar frente a situaciones o momentos fuera del sistema en que operan.
Los acontecimientos siempre son momentos no sistémicos, porque responden a la realidad del contexto e incluso, muchas veces irrumpen y alteran los procesos sistémicos. De ahí, lo fundamental de entender los procesos y las estructuras a partir del estudio de los hechos y no el estudio de los hechos a partir de los procesos y de las estructuras.
Según las ideas de Antonio Gramsci, el intelectual orgánico es aquel que expresa las necesidades del pueblo trabajador, al que, con sus aportes, ayuda en la articulación de sus intereses sociales y de los grupos marginados.
