RESUMEN
He buscado inspiración en varios lugares y temas. En esa búsqueda retomé algo que me da vueltas en la cabeza una y otra vez: el valor de lo local para los emprendedores.
Hace mucho entré a la página de Anchor & Den, un restaurante independiente del Grand Cayman Beach Resort, en Islas Cayman, cuyo slogan dice: “Inspirado en todo el mundo, pero de fuente local”.
Quedé maravillada con este concepto y hasta pensé en asumirlo creativamente para mi blog. Luego pensé cuánto hace falta en mi país llegar a apreciar genuinamente lo dominicano; elevar los valores culturales de nuestro país, especialmente a través del emprendimiento.
Es algo maravilloso. Pensé en todas las empresas digitales y en otras que han dado el paso y se han atrevido a creer y apostar por lo nuestro, muchas veces bajo ambientes y condiciones hostiles.
A esos valientes, los aplaudo y los emulo. Por eso llevo días pensando en cómo nuestro crecimiento como emprendedores debe llevarnos a poner lo local al nivel más alto y acabado. Luego pensé en qué nos impide llegar a muchos de esos objetivos. Llegué a varias conclusiones, y hoy quiero compartir con ustedes algunas de ellas:
Por alguna razón, como sociedad, miramos con cierta reserva e incertidumbre el potencial de éxito de nuestras propios proyectos, pues no es un secreto que todavía valoramos el trabajo internacional como más confiable que el local. Si usted rompió con este paradigma, lo felicito, si no, lo invito a pensar: ¿Será realmente así?
Al mismo tiempo, siento personalmente que hay muchos profesionales que se han deshecho de esa camisa de fuerza y cada vez se ven más proyectos locales competitivos y sólidos. ¿Pero realmente son la mayoría? Claro que no. Aún nos falta mucho para quitarnos de encima el peso de los prejuicios que denigran lo local y exaltan lo extranjero. El cambio empieza por nosotros mismos. Y es un cambio complejo, un tema para interiorizar y tomárselo en serio.
Necesitamos liberarnos de esas limitaciones que como emprendedores y profesionales nos hemos impuesto. Abandonar esos malos preceptos que —como decía un mensaje que leí recientemente—, limitan nuestra imaginación y nos ponen barreras y calificativos falsos.
Debemos restarle valor al acento de una persona, a su forma de vestir, a la universidad que asiste, al barrio en el cual se crió…; y comenzar a valorarnos por la esencia, lo que hemos superado y lo que hemos pagado para estar aquí. En conclusión, por lo que hemos crecido. ¿Tenemos que seguir pagando un precio más alto? Creo que no.
He sentido el látigo de la discriminación y el prejuicio en muchas ocasiones, casi todos los días. Por eso me pregunto: ¿ganamos algo rasgando nuestra identidad, los valores que compartimos? Porque es precisamente en esos valores y en esa diversidad donde radica nuestra verdadera grandeza.
Vivimos luchando por ser aceptados, una y otra vez, sin encontrar nunca una respuesta que nos satisfaga. Hace muy poco caminaba por el Conde, y se me salieron las lágrimas al observar cómo va retornado la vida a nuestra hermosa ciudad colonial. Pude sentir esa pluralidad inspiradora que no se cansa de tocarnos la puerta y a la cual muchas veces no hemos dejado entrar.
Esa belleza y tranquila humildad que puede respirarse ya en muchos sitios de la ciudad colonial, y que en el fondo guardamos como sociedad, debe comenzar a brillar cada día con más intensidad. No basta con unos cuantos exitosos y escasas oportunidades. Por ello, debemos intentar juntos cualquier esfuerzo que nos lleve por un mejor camino no solo como individuos, sino como integrantes de la sociedad dominicana.
¡Cuántas historias hay en RD! Pero es preciso aprender a narrarlas y también a vivirlas de la mejor manera. Personalmente, me he puesto la meta de llevar mis proyectos al más alto nivel que pueda, pues estoy convencida de que esa forma de pensar y actuar ayudará profundamente a mi país y a mí misma.
Necesitamos ver más proyectos inspiradores que nos convenzan de lo positivo de esta sociedad, del inmenso potencial de nuestra gente, motor esencial para acometer cualquier complejidad y cualquier reto. Creo que el secreto del éxito pasa por esta fórmula: tomemos conciencia de nuestro valor. Inspirémonos en lo universal, pero elevándonos desde lo local.
Disfruta y crece,
Por Roxanna Marte
