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11 de enero 2026
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OpiniónValerio GarcíaValerio García

Inconformes perennes y la ética de la responsabilidad.

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“Hay personas que convierten la crítica en refugio y la inconformidad en identidad; señalan con lucidez, pero rehúyen la responsabilidad.”

Inspirada en Max Weber.

En toda organización o sociedad existen colaboradores o socios que observan desde una distancia cuidadosamente calculada. Recomiendan lo que debería hacerse, cuestionan cada posición adoptada y emiten juicios severos; sin embargo, evitan sistemáticamente asumir el peso de decidir y el costo inevitable de equivocarse. Su posición les garantiza seguridad: opinan sin riesgo y critican sin consecuencias.

Esa figura, a la que podemos denominar inconforme perenne, se limita a juzgar desde la comodidad de la distancia. Su crítica puede ser intelectualmente correcta, incluso aguda, pero resulta moralmente incompleta.

Max Weber distinguía con claridad entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. La primera se aferra a principios abstractos sin considerar sus efectos reales; la segunda obliga a medir el impacto de cada decisión sobre la vida concreta de los otros.

El inconforme perenne suele refugiarse en la convicción: “yo tenía razón”, “yo lo advertí”, “yo no participé”. De ese modo preserva una supuesta pureza moral a costa de la realidad colectiva, trasladando siempre la carga a quienes sí asumen el deber de actuar.

La ética de la responsabilidad no implica silenciar la crítica: la disciplina, la sitúa y la compromete con resultados concretos.

El inconforme perenne, en cambio, permanece intacto mientras el sistema se deteriora. Una sociedad o una organización madura no se construye con inconformes permanentes, sino con responsables persistentes.

Desde la perspectiva de Weber, la crítica que no se acompaña de acción responsable se transforma en una forma de evasión ética. Señalar errores sin ofrecer soluciones viables, exigir resultados sin involucrarse en los procesos o reclamar cambios sin aceptar sacrificios no constituye lucidez moral; es, más bien, una forma sofisticada de irresponsabilidad.

Para Weber, el verdadero liderazgo, político, social o institucional, comienza cuando alguien acepta que toda decisión implica pérdidas y que incluso la neutralidad produce consecuencias.

El autor es Mayor General (R) ERD, Presidente de la Hermandad de Veteranos de las FF.AA. y P.N.; Presidente de la Alianza Mundial de Veteranos y Pasado Rector de la Universidad del Caribe y de la Universidad Nacional de Defensa (UNADE).

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