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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Importancia de la palabra en la democracia

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RESUMEN

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Salvar la democracia es salvar la participación de la comunidad en la toma de decisiones desde el poder político y administrativo. Y es en el fondo de todo, salvar el espacio público que hemos heredado y mejorado a través del tiempo, como centro de los debates sobre la política y todas sus posibilidades sociales, culturales y económicas. Como la democracia tiene origen griego, es el Ágora transformada por los ciudadanos de las épocas.

La historia nos ha obsequiado la democracia sobre muchos esfuerzos, sacrificios y heroísmos. Es el producto del desarrollo y crecimiento de la humanidad, no solo para la discusión y la dialéctica, sino para ponernos de acuerdo en los puntos más relevantes de la vida de los ciudadanos, para bien de la comunidad y tranquilidad de sus autoridades. Los acontecimientos históricos hicieron que avanzáramos hacia la convivencia y el asambleísmo para arribar al espacio de la meditación y el silencio.

Por eso el Ágora en la actualidad es un espacio que trasciende lo urbano, ese lugar que se concibe como centro social, político y administrativo y que inicia en las ciudades de la Antigua Grecia, para ser un espacio del hogar familiar, de la terraza, del parque, de los bares, de los estadios deportivos, de la escuela, de los partidos políticos y todo lugar en donde se reúnen personas para convivir, compartir y ser entes.

Al leer el libro del español Miguel Cruz sobre la democracia, la última utopía, nos quedamos con su idea de que la democracia está siendo objeto desde hace ya un tiempo, de ataques y críticas de muy diferente tipo.

Nos convendría entonces, extraer alguna lección de tanta acumulación de reproches que se le hace a la democracia. Porque al peligro, que es absolutamente real, de que la democracia pueda terminar viéndose dañada por los embates de los autoritarismos de diferentes ideologías, deberíamos sumar otro, de diferente naturaleza, pero no por ello menor, relacionado con la esfera de las ideas. Se trata del peligro de entender a la democracia en términos puramente instrumentales, como un simple conjunto de procedimientos formales para organizar la vida en común. Imponer sus conveniencias sin tener en cuenta a la minoría, es un asunto grave cuando se trata de ordenamiento jurídico y social.

A veces parece, que desde los gobiernos desdeñan las enormes potencialidades emancipadoras que ofrecen los sistemas democráticos y la posibilidad que brindan a las naciones de materializar por fin, aquellos valores que han dado luz a este mundo.

Profesores, autoridades y padres deben saber que la escuela es un Ágora, en donde los ciudadanos pueden acudir para debatir y discutir los diversos temas que afectan su vida cotidiana, a través de la mera asistencia de su hijo a sus aulas. La escuela como Ágora, ha debido ser un lugar para abastecerse de empatía y colaboración, para fortalecer los vínculos de consumo particular.

La participación de la ciudadanía en la escuela convertida en ágora de la comunidad, debió desplazar en importancia a la política partidaria, para constituirse en un auténtico núcleo de crecimiento social, como centro de acopio de los conocimientos, la planificación conjunta para el desarrollo integral, para fomentar la solidaridad entre los ciudadanos comunes y los profesores, como líderes sociales.

Desde esa óptica, definimos el significado de ciudadanía. Cuál es el significado de “ser ciudadano” en la sociedad democrática, el significado de ser ciudadano se evidencia en que se pertenece a una comunidad política, social y económica, en donde ejercemos los procesos situaciones que envuelven deberes y derechos. Y es de esa forma, porque nuestras sociedades se fueron organizando en torno a la figura de un Estado, el cual juega un papel fundamental como agente de cambio y de reproducción de los roles sociales de los individuos y de las desigualdades.

Los niños, los adolescentes y los jóvenes deben aprender en la escuela y en el hogar, que es desde el Estado que se determina el marco de derechos de los ciudadanos y ciudadanas, para que entonces puedan entender, comprender, hablar y asumir, que la ciudadanía implica reconocer los deberes y los derechos que tienen los ciudadanos frente al Estado. Se trata de la posibilidad de participar en los beneficios de la vida en común y de disfrutar de derechos civiles, políticos y sociales, como una forma de construcción democrática que contribuye al bien común.

En lo cotidiano, nos encontramos muchas veces con criterios pesimistas, que enarbolan la idea de que los derechos sólo existen en el papel y que es muy diferente su intención y su aplicación. Pero, la definición de los derechos y su aplicabilidad en la vida de las personas por ellos estipulados, no pueden ser disociadas de la participación de los sujetos en la ciudadanía.

Por Francisco Cruz Pascual

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