Implicaciones de las ganancias deshonestas

Por Enrique Aquino Acosta

Los medios de comunicación suelen publicar noticias relacionadas con las riquezas económicas que exhiben personas vinculadas al pasado Gobierno y del actual y que el pueblo califica de mal habidas y de dudosa procedencia, mientras la Biblia las llama “ganancias deshonestas”.

Desde el punto de vista legal, las ganancias deshonestas constituyen actos ilícitos y delictivos ¿Por qué? Porque se obtienen mediante la apropiación oculta y fraudulenta del dinero ajeno.

Según las Sagradas Escrituras, la codicia, la avaricia, la ambición, el afán de lucro y la ostentación son las motivaciones principales que conducen a las personas a obtener ganancias deshonestas.

Señalan que provienen del robo, la estafa, el engaño, la mentira, la aceptación de propuestas sanguinarias(sicariato), de lenguas mentirosas, de apuestas en juegos de azar, de falsas enseñanzas, de la adivinación, la brujería y la venta de indulgencias en la Iglesia.

Se recomienda leer 1 Samuel 8:3, Proverbios 1:19,16:8, 21:6, 28:8, Isaías 33:15,55:1, Jeremías 17:11, 22:13, Ezequiel 22:13-14, Hab. 2:9,12,17-19, Hechos 8:20, Santiago 5:4 y otros textos para adquirir más conocimiento sobre las ganancias deshonestas.

El aprendizaje y aplicación de las enseñanzas que contienen esos textos pueden evitar muchos de los males que padecen las naciones. ¿Cómo? Eligiendo como gobernantes a hombres y mujeres temerosos de Dios, virtuosos, veraces, capacitados, no avaros ni codiciosos de ganancias deshonestas (Éxodo 18:21)

Los mismos requisitos aplican para los obispos, pastores y diáconos que desempeñan o aspiran desempeñar funciones ministeriales de liderazgo dentro de la iglesia, a quienes Dios asigna la misión de predicar y enseñar sana doctrina, administrar con fidelidad los bienes sagrados, alimentar y cuidar a las ovejas, rechazar ganancias deshonestas y vivir en santidad (Tito 1:7, 1 Pedro 5:2, 1 Timoteo 3:8)

Igualmente, los demás creyentes necesitamos entender que nuestras verdaderas ganancias consisten en renunciar a los ideales y valores de este mundo, oponernos a todo lo que no resulte ético ni moral, ganar almas para Cristo y vivir en santidad (Prov. 11:30, 1 Co 9:18-19, Fil. 1:21, 3:7-8)

Dios desea que ninguno de nosotros sufra como homicida, ladrón, malhechor, intruso o por haber obtenido ganancias deshonestas. Le interesa que hagamos su voluntad y lo agrademos con nuestros pensamientos y nuestros actos.

También es necesario aclarar que, desde el punto de vista material, las verdaderas ganancias son las que se obtienen realizando actividades comerciales lícitas o recibiendo una determinada suma de dinero por haber realizado nuestro trabajo con capacidad profesional y honradez (Mt 25 :14-29)

Sin embargo, en nuestro país muchas personas consiguen dinero de otras formas. ¿Cómo? A través del tráfico de influencia, el padrinazgo, el amiguismo, el soborno, el fraude, el robo, las componendas, la confabulación y cubriéndose con el manto negro de la impunidad.

Ante esa preocupante realidad preguntamos ¿existen mecanismos de control y fiscalización de los fondos públicos en la República Dominicana? La respuesta es afirmativa. Tenemos el Congreso Nacional, la Cámara de Cuentas y la Contraloría General de la República.

Dichos órganos fueron creados para controlar y fiscalizar el patrimonio, los ingresos, los gastos y el uso que se da al dinero público, según establece el Artículo 246 de nuestra Constitución.

Además, deben examinar, inspeccionar, revisar, vigilar e intervenir en las actividades que realizan las instituciones y dependencias del Gobierno, tareas que deben realizar apoyados en los principios de eficiencia, eficacia, economía, transparencia y prioridad.

Sin embargo, los medios de comunicación han denunciado el “maquillaje” de algunas auditorías, la ocultación y destrucción de pruebas sobre actos de corrupción y la no publicación de los resultados.

En vista de lo que eso implica, se reclama a los referidos órganos cumplir con sus obligaciones y a las autoridades judiciales continuar con la persecución, investigación, sometimiento, juicio y condena que tienen pendientes las personas acusadas de apropiarse del dinero del Estado.

Se solicita a los distinguidos jueces considerar que las ganancias deshonestas enriquecen a pocas personas, pero empobrecen a la población, razones por las que no se debe tomar en cuenta la condición económica, social, política, militar o religiosa de los culpables al dictar sentencia condenatoria.

También se solicita la confiscación de los bienes que hayan adquirido los condenados con el dinero que sustrajeron al Estado y que se utilice para solucionar los problemas principales que padece la sociedad dominicana.

Por Enrique Aquino Acosta

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