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23 de enero 2026
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OpiniónFernando DespradelFernando Despradel

Imágenes maravillosas que nos llegan al corazón

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RESUMEN

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Crónicas Dominicales

Sólo es un instante, tal vez un único segundo y queda plasmada una realidad tan perfecta, tan detallada que nuestros ojos no lograron captar en su justa dimensión.

Es tal la perfección lograda, la profundidad en la obra, el brillo de una multiplicidad de colores que una foto tomada desde un celular es un arte.

Y no es que estemos hablando del último IPhone o el poderoso S-25 de Samsung, un celular de mediana categoría contiene una poderosa y miniaturizada cámara fotográfica.

Para los que dominan la tecnología medianamente, configurar «el modo» en que obtendrá la foto es muy amigable.

A modo de retrato, de paisaje, de diversión… son opciones disponibles en móviles calificados de carabelita.

La poderosa corporación china Huawei mantiene desde hace años un acuerdo con el fabricante alemán de cámaras Leica Camera AG, que lo hicieron nacer adulto en el segmento de cámaras para sus celulares.

Ciertamente, en el pasado tuve un Huawei y las fotos logradas resultaban de aceptable calidad para un aprendiz.

En el pasado reciente los expertos en impresión hablaban de un requerimiento mínimo de 19 megapíxeles para imprimir una foto en formato de afiche.

Una marca en el segmento popular de celulares ofertaba un aparato con hasta 500 megapíxeles, sin salirse del segmento popular.

Las reglas para lograr una bonita y creativa foto siguen siendo casi las mismas que mostraban los profesores tradicionales utilizando cámaras profesionales.

Ármese de paciencia, recorra el objetivo todas las veces posibles y no aprieta el obturador hasta lograr el objetivo, la vista que usted quiso lograr.

Una destartalada yola pintada de un color muy vistoso -mamey- a orillas del lago de la Presa de Hatillo-, era el objetivo, resaltada en la majestuosidad de la inmensa laguna.

Nos tomó un buen tiempo lograr captar exactamente esa contraposición.

Una de las fotos más espectaculares que he logrado es la última fase de un atardecer en la playa de Cabo Rojo, logrando colores y ambientes excepcionales.

Una ladera de una montaña bañada con yerba rojiza en contraposición con montes de diferentes tonalidades conforma una de mis mejores cartas del escenario de Constanza.

Del carnaval de La Vega, archivo fotos con dos características básicas: fotos en «primerísimo plano» con la imagen del diablo y éste en acción blandiendo su arma: la vejiga.

Son imágenes logradas de «ahí ahí» a un costo elevado (varios vejigazos), pero con una alta satisfacción de llevarme una joya en el celular.

Regularmente hacemos combinaciones que resultan exquisitas, con la marcha de los grupos o cuando se reúnen, es como si posaran para mí.

Frente a mi hogar tengo una pared natural conformada por varios árboles y meses atrás en un atardecer con rayos de color mamey espectaculares se filtraban a través de los espacios de la pared natural, presentando un fastuoso espectáculo, que me permití captar en todo su esplendor.

Decía un profesor de fotografía que un fotógrafo se parece a un francotirador, en la paciencia que debe atesorar hasta dar con su presa, una observación minuciosa y detallada de todo el entorno y en el momento preciso actuar.

Recientemente asistí a la sala de eventos de Casa de Teatro a una exposición del doctor Rafael Fernández De Castro sobre los escenarios de la ciudad de New York en invierno, especialmente en el Central Park y las inmediaciones del río Hudson.

En formatos de 40″ x 40″ y tomadas por la cámara de su celular resultaron verdaderas obras de arte, con la melancolía y nostalgia patentes en cada imagen.

Anímese de paciencia e inspirese en un buen objtivo y logre una obra de arte.

Por: Fernando Despradel.

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