RESUMEN
La famosa revolución de abril del 1965 acontecida en la capital dominicana, en términos epopéyicos encierra unas motivaciones heroicas, que ayer y hoy, estamos lejos de alcanzar. Desmenuzado uno por uno, cada líder tenía un pasado tan curtido, que debieron borrar de su historia la vinculación directa con el régimen trujillista y su indolente actitud de cara al pueblo, cuando realmente se necesitó de sus voces y su lucha.
Lo vivido en aquellos días de mediados de 1965 en la capital dominicana, sólo se compara con lo que está viviendo el pueblo haitiano. Las bandas, controlan algunos barrios periféricos de la capital, Puerto Príncipe, justificando las muertes, violaciones, secuestros y robos, con unas reivindicaciones a favor del pueblo, mismo que sufre en carne propia sus atrocidades.
Cuando una fuerza interventora de paz, los kenianos, ha actuado ese país, las bandas asesinas, ahora proponen en diálogo y han llegado al extremo de firmar un acuerdo, entre ellos, para poner fin a la violencia y el terror en que han sumido a la población indefensa. Como en la citada revolución dominicana, ahora que tienen a quien enfrentar como verdaderos soldados de combate, prefieren deponer las armas y buscar una salida pacífica, dejando al descubierto su condición de cobardes, indolentes y traidores de sus propios hermanos.
Los líderes de las bandas haitianas intentan encontrar algún bajadero para pasar como hombres buenos, no ser contados entre los caídos en el campo de batalla en los enfrentamientos con las fuerzas interventoras y ser recordados héroes defensores de su pueblo.
Es posible que muchos de esos supuestos lideres revolucionarios de Haití, abandonen ese territorio en calidad de exiliados, con sueldos de lujo, gastos de representación, de combustible, pago de sus viviendas en el extranjero, escolaridad de sus hijos, mientras el pueblo los vea partir como unos sacrificados que lo dieron todo por su patria.
Los miles de vidas haitianas que se han perdido en esta cruzada parricida no pueden ser olvidas bajo el manta de una actitud heroica de quienes las cegaron. Aquellos que sufren lecciones permanentes por la actitud belicista de un gatillo alegre, sin conciencia social ni política, no pueden ser abandonados a su suerte sin que caiga todo el peso de la ley sobre sus verdugos.
Jimmy Chérisier, conocido como «Barbecue,» y Mathias y Gabriel Jean-Pierre, alias «Ti Gabriel, no pueden ser excluidos de toda la responsabilidad legal de quienes debieron pagar cuantiosos rescates para recuperar a sus seres queridos. Los misioneros caídos, los desplazados, los centros de salud incendiados y las propiedades destruidas, no pueden ser olvidadas con un acuerdo de paz propuestos por sus carniceros, con la simple excusa de lavar sus culpas.
Sabemos que la historia se puede repetir y posiblemente, los haitianos sobrevivientes de esta tragedia social tendrán que ver en la lista de sus inmortales, un revolucionario llamado Jimmy Chérisier, convertido el héroe de ese país. Igualito que aquí.
Por: Florentino Paredes Reyes
