RESUMEN
Es importante diferenciar dos fenómenos que suelen confundirse, la identidad therian y la zoantropía clínica. Aunque ambos pueden implicar una identificación con animales, la primera corresponde a una vivencia simbólica o cultural en la que la persona mantiene pleno juicio de realidad, mientras que la segunda es un fenómeno delirante poco frecuente asociado a trastornos psicóticos, caracterizado por la creencia firme e inquebrantable de haberse transformado en un animal.
En las últimas semanas, el debate sobre jóvenes que se identifican simbólicamente con animales ha generado inquietud, opiniones encontradas y no poca desinformación. En redes sociales y espacios públicos se mezclan juicios morales con afirmaciones clínicas, como si toda expresión identitaria distinta fuera necesariamente un trastorno mental.
Sin embargo, desde la psiquiatría, la pregunta fundamental no es si la conducta resulta extraña o novedosa, sino si existe o no una ruptura del juicio de realidad. Esa distinción es la que permite separar una expresión cultural de un verdadero cuadro psicopatológico.
En este contexto, es importante diferenciar dos fenómenos que suelen confundirse, la identidad therian y la zoantropía clínica. Aunque superficialmente pueden parecer similares, ambos vinculados a la identificación con animales, desde el punto de vista psiquiátrico pertenecen a categorías completamente distintas. La primera se inscribe en el ámbito de las construcciones simbólicas o culturales; la segunda corresponde a un fenómeno delirante poco frecuente asociado a trastornos psicóticos mayores.
La zoantropía clínica es un fenómeno psiquiátrico extremadamente raro. Consiste en la creencia firme y persistente de haberse transformado en un animal o estar en proceso de hacerlo. No se trata de una metáfora ni de una expresión simbólica, sino de una convicción sostenida incluso frente a evidencia contraria.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) define el delirio como una creencia fija que no es susceptible de cambio a la luz de pruebas contradictorias (American Psychiatric Association, 2022).
Este tipo de manifestación suele aparecer dentro de trastornos psicóticos mayores, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar con características psicóticas o episodios depresivos graves con síntomas psicóticos. El rasgo central es la pérdida del juicio de realidad. El paciente no reconoce la imposibilidad biológica de la transformación y puede adoptar conductas coherentes con su creencia delirante. En estos casos, la intervención psiquiátrica es imprescindible.
En contraste, las personas que se identifican como therians describen una conexión psicológica, simbólica o espiritual con un animal, pero conservan plenamente el juicio de realidad. Reconocen su condición humana desde el punto de vista biológico y no sostienen una creencia delirante de transformación física. Esta identidad no aparece clasificada como trastorno mental en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022).Los therians se caracterizan por tener una crisis de identidad, con muy baja autoestima.
Desde la psicología del desarrollo, la adolescencia es una etapa caracterizada por la exploración identitaria y la búsqueda de pertenencia, proceso descrito por Erik Erikson como parte del conflicto entre identidad y confusión de roles (Erikson, 1968).
El fenómeno que hoy observamos en ciertos sectores juveniles nos obliga a ir más profundo, no se trata solo de una palabra, sino de una señal cultural que merece análisis serio. Desde una perspectiva clínica, es necesario establecer algo con claridad, imitar animales o adoptar una identidad simbólica no constituye en sí mismo un trastorno mental.
La neurociencia contemporánea también ha demostrado que durante esta etapa existe una maduración desigual entre los sistemas emocionales y las áreas cerebrales responsables de la regulación cognitiva, lo que favorece la intensidad emocional y la experimentación identitaria (Steinberg, 2014).
Confundir identidad simbólica con psicosis puede generar dos errores graves: patologizar experiencias culturales que no constituyen enfermedad o minimizar cuadros psicóticos que sí requieren tratamiento. La evaluación clínica responsable debe centrarse en la estructura del pensamiento, el grado de convicción, la flexibilidad cognitiva y el impacto funcional en la vida de la persona.
En tiempos donde la inmediatez digital tiende a simplificarlo todo, la salud mental exige prudencia y conocimiento. No todo lo inusual es patológico, pero tampoco todo puede trivializarse como simple moda. La responsabilidad de los profesionales, de los medios y de la sociedad es evitar tanto el estigma como la indiferencia clínica.
Diferenciar cultura de psicosis no es un ejercicio académico distante: es una obligación ética que protege la dignidad de las personas y la seriedad de la medicina. En salud mental, la precisión no es un lujo; es una necesidad social.
Por Ramón Ceballo
