RESUMEN
Al poeta Mariano Lebrón Saviñón
in memoriam
- EL ODIO EN EL MUNDO ACTUAL
Hace algunos años —quizá 20— leímos «El odio en el mundo actual» una obra peculiar que reúne veintiuna entrevistas hechas por Alfred A. Häsler a igual número de personalidades de reconocida fama mundial. Entre los entrevistados hay filósofos, historiadores, poetas, teólogos, catedráticos y estadistas. El espectro es amplio e interesante. “Todos los días nos vemos, de una forma o de otra, confrontados con el odio, privado o público”, dice Häsler en el prefacio del libro, el cual, a pesar de haber sido publicado en 1969, tiene, por su temática, más vigencia hoy que ayer, ya que en el mundo actual —en el de ahora— seguimos viviendo “en compañía del miedo, en compañía de la violencia, en compañía del odio”. Ese miedo, esa violencia y ese odio se han intensificado y amenazan con aniquilar al hombre. Ahora bien, ¿cuál es la peculiaridad de dicha obra? Pues que todas las entrevistas giran exclusivamente en torno al odio, sentimiento negativo que daña tanto al que lo anida en su pecho como al que es blanco de su energía destructora. Conservo mi ejemplar de la edición de 1973 de la Alianza Editorial (España).
- LA VIDA O ¿EL OTRO EXTREMO DE LA MUERTE?
La vida es la suma de infinitos fragmentos vitales unidos por un hilo invisible que nos mantiene atados ―y a veces vagando― en este vasto universo que habitamos. Cada acto del hombre está conectado con otro anterior o posterior, aunque no lo perciba, aunque pretenda ignorarlo. Con frecuencia es absurda la vida y tan irónica que a uno le parece que los malos, y no los buenos, son premiados con la suerte. Esa absurdidad y esa ironía se evidencian en el discurrir cotidiano del hombre: cuando está en guerra ansia la paz; cuando está en paz, busca irracionalmente la guerra. ¡Y es que el hombre es tan absurdo! Tanto, que se afana por obtener cosas en la vida que de ninguna manera se llevará a la tumba y nunca sabrá, después de muerto ya, qué destino tomarán. Indudablemente, lo que perseguimos, lo que deseamos en la vida es lo que le da sentido a la misma, pero no debemos olvidar que intentando descubrir lo que realmente deseamos en la vida podemos correr el riesgo de desperdiciarla. Esa búsqueda infinita nos da vida y también nos lleva a la muerte. El hombre ―ese ser extraño que a diario atenta contra su propia naturaleza― vive la vida desafiándola a cada instante, en una permanente y nerviosa búsqueda que no siempre puede explicarse. Con un dolor comienza la vida —¡es terrible para la mujer que trae un nuevo ser al mundo!— y con un dolor termina: emerge con el sufrimiento de la madre al ver morir al hijo o cuando éste llora por ella al partir. Se dice que el hombre vale por lo que es, no por su fortuna ni por lo que aparente; pero eso es lo que se dice ―o lo que debería ser― porque, paradójicamente, en la práctica la cosa es distinta. Este hecho en sí carece de importancia, ya que lo relevante es entender el porqué pocas veces sabemos aprovechar las oportunidades que nos da la vida para hacer fortuna, sin llegar a comprender que no hay mayor fortuna que la vida misma.
- EL INEVITABLE DESTINO DE LA HUMANIDAD
Y pensar que los 7,888 millones (2021) de seres humanos que poblamos el planeta Tierra, con guerra o sin ella, tenemos un destino común: ¡la muerte! Nadie que haya muerto ha regresado (excepto Jesús y Lázaro) y nadie ha vivido para siempre: ¡ni siquiera Matusalén! Lo de Drácula es solo ficción literaria y cinematográfica: siempre vuelve a morir con ajo y una estaca. Mientras la muerte es un misterio, el hombre sigue siendo un ser pensante, pero absurdo.
- LA INGRATITUD Y LA AGRESIVIDAD DE LOS HAITIANOS
Ya lo he dicho: los dominicanos de indio tenemos muy poco, de africano un poco más, pero que de español tenemos mucho más: casi todo, porque hasta el refranero y las habichuelas con dulce tienen su origen en la conquista del Nuevo Mundo por parte de los españoles. ¿Pero en el caso de los haitianos cómo se combinan esos tres elementos o influencias raciales? Me atrevo a proponer una hipótesis, sujeta a comprobación científica: los haitianos de indio no tienen nada ni de español tampoco, de francés tienen la lengua de Víctor Hugo alterada, pero de africano lo tienen casi todo: su color y sus rituales; sus costumbres y su agresividad inocultable. Por eso todavía viven en la etapa de la barbarie: piensan como bárbaros y se comportan como bárbaros dondequiera que deciden vivir, con muy contadas excepciones: escritores, académicos y profesionales, entre ellos. Pero hay que reconocer que los haitianos son enemigos de ellos mismos y por eso se autodestruyen constantemente —como si intentaran extinguirse como grupo humano del planeta— y son incapaces de tener un Estado organizado que garantice la convivencia humana respetando el más sagrado derecho natural del ser humano: el derecho a la vida. La historia haitiana está ahí; solo hay que estudiar su evolución histórica como pueblo. Son miles (¿o millones?) los haitianos que residen en paz en la República Dominicana, yendo a las escuelas y a las universidades a estudiar y recibiendo asistencia médica en hospitales costeados por los contribuyentes de la patria forjada por los trinitarios en lucha a muerte contra esos mismos haitianos desde aquel trabucazo la noche de febrero de 1844 en la Puerta de El Conde. O sea, los hemos perdonado y los tratamos con bondad solidaria y aun así nunca muestran gratitud. Y es que todo parece indicar —digo parece— que la gratitud no es una virtud que forme parte de la escala de valores de los haitianos, cuyo comportamiento agresivo que siempre han exhibido (desde que se independizaron en 1804 del imperio francés) no es producto del estado de colonialismo al que estuvieron sometidos como los demás pueblos de la América Latina. Descarto eso, puesto que los puertorriqueños no son así y siguen siendo colonia ni los cubanos tampoco y fueron los últimos en liberarse del imperio español. Los haitianos se comportan así porque esa es su esencia, su naturaleza humana.
- NI SOY RACISTA NI SOY ANTIHAITIANO, PERO SÍ NACIONALISTA
Por mi idea anterior, es pertinente hacer la siguiente aclaración: no albergo en mi corazón odio hacia los haitianos ni hacia nadie. Tampoco soy racista porque valoro la condición humana obviando el color de la piel y el origen racial de las personas. Así como he promovido y valorado a los escritores nacidos en la parte oriental de la Isla igualmente lo he hecho con los escritores de la parte occidental. Prueba de ello es que estuve promoviendo al brillante escritor haitiano René Depestre como candidato caribeño idóneo para optar por el Premio Nobel de Literatura, lo cual nunca han hecho sus compatriotas. Mis reflexiones responden a un sentir nacionalista, no racista; tienen un sentido de alerta ante una situación que podría retornarnos a un pasado histórico que no debemos olvidar los dominicanos: el de la ocupación y dominación haitianas (1822-1844). Es un llamado a tener presente que una nación no solo se invade con guerra, sino también pacífica y gradualmente; también culturalmente. Como ciudadano dominicano he asumido mi deber: dar la voz de alerta ante la preocupante situación que vive la República Dominicana con la insostenible carga económica que viene representando el problema de descalabro del Estado haitiano. La presencia masiva de haitianos ilegales (ya las estadísticas se han salido de control), arrastrando sus costumbres y hábitos de vida tan distintos a los nuestros, es un fenómeno social que debería ser visto, también, con honda preocupación. Y no tan solo por el Gobierno de la República Dominicana, sino, además, por cada dominicano, por cada dominicana. Esa es mi idea.
- CUANDO ALGUIEN LLEGA A NUESTRA VIDA
Hay personas como faros, que con su ejemplo o su palabra consejera nos iluminan, nos señalan sendas, caminos a seguir. Llegan a nuestra vida aparentemente tarde, pero no es así. No siempre logramos entender el milagro operado en nuestra vida con la llegada de esos como ángeles enviados para aliviar nuestro tormento o para extraernos del abismo: para iluminar el túnel oscuro que transitamos. A esas personas que nos cubren la espalda, atentas siempre a nuestros pasos, debemos permitirles entrar por la ventana más amplia de nuestra vida porque es el destino quien les ha encomendado la noble misión de rescatarnos, de evitar que nos extraviemos en ese túnel oscuro que es el mundo. Debemos estar atentos para no equivocarnos y saber con certeza cuándo ha llegado a nuestra vida esa persona especial, aunque nos parezca tarde, aunque nos parezca increíble la nueva oportunidad que nos llega, como de la nada, para rehacer nuestra vida en pareja. En el amor, nada es tarde, nada es imposible.
- ANTOLOGÍA VS. COMPILACIÓN
Existen dos trabajos de investigación bibliográfico-editorial que tienden a confundirse: las antologías y las compilaciones. Una antología es el resultado de una escogencia, es decir, de una selección; mientras que la compilación es el resultado de reunir o recoger todo lo relativo a un tema o cuestión, sin discriminar. El antólogo trabaja en función de una muestra representativa, de lo mejor del conjunto; mientras que el compilador lo hace en función del universo, del todo. En otras palabras, el alcance entre una y otra es lo que marca la gran diferencia entre antología y compilación. Y ese alcance lo determina el nivel de exigencia en términos de calidad literaria, de los textos o materiales de lectura reunidos en un volumen. La antología tiene una importancia crítico-literaria, la compilación tiene una importancia histórico-documental y, por ello, ésta puede ser de gran utilidad a la hora de hacer una antología.
Por Miguel Collado
