“Honrar no Cuesta Nada” 

Por Manuel Cruz lunes 30 de noviembre, 2020

A principios de los 90, todos los eruditos del mundo estaban concentrados en los grandes debates de la incertidumbre política y económica que generó la caída de la Unión Soviética. Por eso, las proyecciones occidentales giraban en torno al nuevo orden unipolar encabezado por EE.UU. y al “Fin de la Historia” de Francis Fukuyama.

Sin embargo, otros más escépticos y antropológicamente recalcitrantes al cambio se negaron al advenimiento de la globalización y la democratización de la tecnología y la información. Dentro de ese contexto, en un país del 3er mundo y aislado por la conveniencia política de un caudillo ya un joven profesor hablaba de transformar nuestro sistema educativo para aprovechar los cambios del futuro.                         

Para Crear hay que Soñar.

Hay un famoso apotegma vernáculo de que “el azar tiene categoría histórica”, pues era casi imposible imaginar o presagiar que la misma persona que en la última década del siglo XX andaba preocupado por el sistema educativo, por las mejoras continuas en la vida de los docentes y la transparencia en las decisiones del sistema hoy se convirtiera en el ministro de educación.

Por tal razón, desde el mismo instante de esa designación auguré un futuro promisorio para el sistema no solo por las condiciones profesionales del Dr. Roberto Fulcar, sino por esas preocupaciones permanentes que viene manifestando desde el exordio de los 90. Era en ese momento digamos el Thomas Frey de la educación dominicana.

De igual forma, estoy casi seguro que para esa época era quizás visto con malos ojos por muchos de sus mismos compañeros, pues imagínense ustedes en una época en la que los argumentos giraban en torno al comunismo y el capitalismo hablar de aprovechar el uso de la tecnología para reformar la educación era casi una vesania.

En virtud de ello, increíble y lamentablemente tuvo que aparecer una desgracia global que rompiera de manera abrupta con la tradición de nuestro sistema educativo para que la historia demostrara, que las ideas que el Dr. Fulcar pregonaba desde hace 30 años si podían utilizarse e implementarse en la educación de nuestros hijos. 

  

Una Gigantesca Obra.    

Los estudios recientes sobre las capacidades cognitivas de los niños han demostrado, que solo el abstencionismo crónico voluntario de un año escolar (10%) puede generar grandes daños y la desconexión de los niños con el proceso de enseñanza en todos los órdenes; imaginen ustedes ahora lo que puede significar la pérdida de un año entero.

En ese sentido, a pesar de ser un tema relegado para el debate de aquellos que tenemos una estrecha vinculación con el mismo, el mayor desafío que trajo consigo el COVID-19 fue enfrentar la educación de nuestros hijos y garantizarles su salud. Esa es una acción titánica que nadie le puede negar al Dr. Fulcar aun con todas las diferencias que podamos tener.

Además, de esa colosal obra también el ministro Fulcar ha tenido que enfrentar los embates inmisericordes de aquellos incrédulos y francotiradores de críticas que tienen un PhD en presagiar que todo saldrá mal. Al parecer ignoran, que el mayor éxito de este año escolar es haber logrado reiniciar las clases aun dentro de la hecatombe.

En conclusión, todos deberíamos estar apostando al fortalecimiento de este gran esfuerzo en el que los únicos beneficiados serán nuestros hijos pues los ricos tienen para pagarles a sus hijos un año entero de tutorías. Pero, el dominicano tiene el problema de que al vaso medio solo observa que le falta agua.           

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)

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