EL NUEVO DIARIO, RAFAH.- En medio del conflicto en Gaza, las mujeres no solo han tenido que lidiar con la angustia de la guerra, sino también con la escasez de productos menstruales, lo que las ha llevado a situaciones humillantes, a tal punto de utilizar pañales o trozos de tela, enfrentándose a infecciones y condiciones de higiene deplorables.
La ciudad de Rafah, ahora transformada en un extenso campo de refugiados, refleja la desesperante realidad que viven muchas féminas. Desplazadas y obligadas a compartir instalaciones sanitarias con cientos de personas en escuelas administradas por la ONU, la falta de higiene es alarmante. Calles convertidas en letrinas a cielo abierto y condiciones insalubres generan un hedor nauseabundo, sumiendo a la población en una situación de plena precariedad.
De acuerdo a un reportaje publicado por la agencia AFP, allí, la crisis humanitaria se agrava con la falta de seguridad, alimentos, jabón y agua.
«Hemos vuelto a la Edad de Piedra. No hay seguridad ni alimento ni agua, no hay higiene. Me da vergüenza, me siento humillada», asegura Samar Shalhoub, de 18 años, una desplazada de la ciudad de Gaza.
Shalhoub manifiesta que, al no poder obtener productos sanitarios, se ha visto en la obligación de utilizar trapos cuando le viene el período, lo que le ha causado «irritación e infecciones de piel».
Mientras, Umm Saif dice que sus cinco hijas usan pañales durante sus períodos.
Explica que una de sus descendientes también ha tenido que sustituir el pañal por un trozo de tela, pues los precios de los pañales desechables se han casi duplicado desde el inicio de la guerra, por lo que llegan a cortar, incluso, uno en dos.
«Empezó a llorar, pero no puedo hacer nada», explica, impotente. «Compré una crema en la farmacia para tratar las infecciones después de la regla», dijo.
Marie-Aure Perreaut Revial, de Médicos Sin Fronteras (MSF), afirmó que las solicitudes de anticonceptivos se han cuadruplicado por las mujeres que buscan controlar sus períodos.
Por otro lado, la oenegé Action Against Hunger indicó que muchas mujeres llevan ropa manchada con sangre menstrual y utilizan «productos para el período por más tiempo de lo previsto, lo que aumenta el riesgo de infección».




