RESUMEN
“Haz el bien sin mirar a quién”. Esta frase me acompañó desde la infancia, como una brisa suave que entra por la ventana y termina anidándose en el alma. No solo la escuché… la vi vivida. La vi encarnada en mi abuela Elida Guadalupe.
Este sábado 19 se cumplió un año desde que mi abuela partió a los brazos del Señor. Un año que ha pasado volando, quizás porque su ausencia se siente en todo: en cada anciano que encontramos, en cada gesto de bondad, en cada junte familiar.
Mamá Elida sigue presente. Permanece intacta en los detalles cotidianos: la escuchamos en las trivialidades, en su palabra “Prenda”, en ese tiempo suspendido donde aún habita el amor inmenso que dejó. Un amor que dejó sombra, pero también luz.
Nos enseñó que la familia es lo más importante. Tuvimos la bendición de nacer en un hogar donde la unión, la solidaridad y la nobleza son verbo, acción y herencia.
Claro que somos una familia imperfecta, como todas. Tenemos diferencias, heridas, momentos duros… pero también un corazón tan grande que a veces necesita ser intervenido para sacar lo que ya no se puede sostener dentro.
Mamá Elida dejó seis hijas y un hijo. Su mayor anhelo: que siempre prime la unión, el perdón y el amor. Y sentimos que la estamos honrando. Nos reunimos, la recordamos, lloramos, reímos… y aunque su cuerpo ya no está, vive en cada célula de esta familia que sembró.
Hoy, quiero dedicarle estas palabras con motivo especial: la presentación de tesis de Alicia, la esposa de Cheo, el nieto que mi abuela amó con locura —y por quien competí de niña (risas) —. Ver a la familia de Alicia celebrar este logro, ver cómo ella es ya una de las nuestras, me hizo pensar en lo que sembró mamá Elida: amor, unión, solidaridad.
Por eso, estas palabras también son para ti, doctora Alicia Silverio:
Apreciada doctora Silverio:
Este 23 de julio de 2025 has alcanzado un peldaño trascendental. Hoy te alzas como médica de nuestro país: una profesión noble, solidaria e imprescindible.
Espero que lleves en alto esta labor y que ningún obstáculo empañe tu deseo de tratar a los demás con amor. Porque después de Dios, ustedes —los médicos— tienen la misión de sanar, a veces con una medicina, otras con un gesto, una mirada, una sonrisa.
Hoy te celebramos. Hoy te honramos. Y yo, particularmente, me siento orgullosa de pertenecer a esta familia que crece contigo.
Con amor,
Evelin Peguero
