RESUMEN
En toda nuestra historia republicana no habíamos sido tan vapuleados por Haití como ha sucedido luego del despliegue militar y el embargo impuesto por el Presidente Abinader en la frontera: Esa bravuconería, con fines electorales, nos va a salir muy cara.
Primero fracasó porque los haitianos no le hicieron caso y están terminando su canal de desvío, segundo porque desde el primer día el costo lo están pagando los productores dominicanos y las comunidades fronterizas.
Por otra parte, no habiendo logrado éxito en el terreno de los hechos, Abinader luego de irse él a Cuba y su Ministro de Defensa a Londres, viaja a New York a la ONU y, antes de hablar ante la Asamblea, una joven lo relaja y el Premier haitiano lo desaíra y no acepta reunirse con él.
Habla en la ONU de “nueve anarquistas” y al día siguiente la Cancillería haitiana le responde, al otro el Ministerio de Agricultura y el viernes, lo desaíra diplomáticamente el Ariel Henry ante la Asamblea: No pudo irle peor.
La semana siguiente la ONU aprueba la misión de Kenia y Abinader proclama eso como un éxito de su gestión, aunque ni lo mencionaron, no lo menciono Biden, ni el Presidente de Kenia, ni el Primer Ministro haitiano; ahora la Justicia de ese país ha detenido hasta finales de mes por sentencia el envío de las tropas: en algunas partes los jueces tienen bragueta.
En el país toda persona sensata, entre ellos Abel Martínez, le sugieren, a tiempo, antes de que se caldearan más los ánimos y los haitianos buscaran fuentes alternas, que abriera la frontera para el comercio y la ayuda humanitaria: veinte y cinco días de cierre ha sido fatal para nuestra economía regional.
Un Gobierno de anuncios sin base, que vive de declaraciones a la prensa, dijo que vendería la producción a Nicaragua y Jamaica entro otros países, poniendo en evidencia su peligrosa e increíble ignorancia: No han vendido una libra de pollo, ni un huevo y menos un plátano, tampoco venderán cemento, ni varillas, ni salsa de tomate ni espaguetis. Todo es cháchara mientras el país se hunde. Porque de comercio internacional, no saben nada.
Abinader está rehabilitando un viejo canal que construyó sin alharaca Joaquín Balaguer en el 1966: No está haciendo nada más y pudo hacerlo sin ruido y sin militares.
Mientras su Gobierno boicotea una visita de Leonel Fernández a la frontera, él, como si el país fuera la sala de juego de un niño rico, va a ver el canal a tomarse fotos con el Ministro de Industria y Comercio que no ha resuelto nada allí en un mes.
Con absoluto desconocimiento del pueblo haitiano, de su historia y de su idiosincrasia, cuando ya no aguanta más la presión de su error, anuncia unilateralmente que abrirá la frontera al comercio y a las medicinas. Los haitianos ahora se ríen de su desesperación… no queremos que la abra al comercio le responde el Gobierno de Puerto Príncipe, aquel que según él, no existe. Eso lo habíamos vaticinado.
Con Luís Abinader muchos dominicanos se equivocaron, es un niño rico jugando a Presidente de la República, pero el costo, lo estamos pagando todos con: apagones, alta facturación eléctrica, altos precios de la comida, inseguridad, desorden en la administración, empeoramiento de la educación y de la salud y ahora, ridículo internacional.
POR EL DR. DOMINGO PLACIDO
