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27 de marzo 2026
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OpiniónJabes RamírezJabes Ramírez

Haití, la unión africana y las tierras raras

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RESUMEN

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A pesar del espacio que compartimos, da la impresión de que nuestro país solo juega al papel del espectador cuando se trata de Haití. En el círculo de decisiones, siempre que el plano internacional configura intervenciones diplomáticas en nuestros vecinos, ha República Dominicana le queda asumir una postura esperanzadora, expectante de las buenas noticias. La comunidad internacional hace mesas de diálogos, en las cuales se conocen decisiones que, una vez tomadas, vienen a representar en nosotros una carta de ruta. Se trata de una toma de decisiones en la que no participamos, pero somos el medio por el cual se materializan los caprichos y ocurrencias ponderadas. La postura de espectadores pasivos provoca en nosotros una apatía casi inducida, y podemos descuidarnos al punto de perder completamente la perspectiva.

Sin embargo, abogamos por una clase política observadora, que siga con cautela el ritmo geopolítico en el que nos encontramos. Nuestro país es una pieza clave para las potencias, y muchos dimensionan esto de forma equivoca, alegando que nuestra paz está garantizada en base al interés de dichas potencias. Recordemos que el ejercicio del poder no se configura en términos de amigos, sino intereses. No mal interpretemos la consideración que nos tienen y entendamos que los acercamientos internacionales solo cumplen con agendas políticas; y toda agenda, tiene fecha de inicio y caducidad. Recordemos que la mejor defensa de nuestros intereses como nación saldrá de nosotros mismos, y de la capacidad de nuestros representantes en la mesa de las negociaciones.

Suena tragicómica la filantropía de un presidente (William Ruto) que no encuentra el camino de gobernar en su propio espacio, pero que propone el antídoto para otro. Según el personaje, parte de la salida al problema haitiano seria la adhesión a este a la Unión Africana. Un pronunciamiento que ha pasado desapercibido en el análisis político local. Es importante recordar que de forma constante la República Dominicana es víctima del descredito internacional, bajo acusaciones de tipo racial. Los países que ofertan fórmulas para nuestros vecinos, aquellos que utilizan a República Dominicana como un medio para sus fines, son los mismos colaboradores al detrimento de nuestra nación.

Es preciso imaginar un escenario donde Haití forme parte de la unión que también contribuye a referirse a nosotros como hostiles en nuestras políticas migratorias. El mismo africanismo que nos resiste como vecinos, percibiéndonos como sus enemigos más cercanos, narrando la historia a conveniencia de solidificar ese sentimiento, es aquel que hoy forma parte de una viabilidad solucionadora al tema haitiano. Recordemos que fue esa misma unificación africana que en el año 2013 hizo resistencia a la sentencia del Tribunal Constitucional castigándonos con el mensaje xenófobo que nos caracteriza frente a ellos. Causa bastante intriga que nuestros vecinos se conviertan en la sexta región de una unión que se asuma dueña de un espacio en esta parte de occidente. Son conclusiones catastróficas, pero que en el marco de las facticidades sobra la importancia para señarlas.

Por otro lado, es interesante conocer la intención “filantrópica” del presidente keniano. Es conveniente que quede expuesta la intención de alguien que ha sido en los últimos meses el vocero de la causa haitiana. Más interesante aún, que su pronunciamiento se de en el contexto de la visita de un secretario de Estado que ha dejado expuesto un interés muy particular en la existencia de tierras raras en nuestro país. Quiero concluir recordando que, dichas tierras son necesarias labrarlas con una “mano de obra” fuerte, dispuesta y organizada. Y que es en esa misma Unión Africana que hoy se libra uno de los peores conflictos internos a causa de lo que aquí celebramos como nuestro mejor hallazgo en la historia.   ¡Que vivan las tierras raras!

Por Jabes Ramírez 

 

 

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